Unión Europea

Eslovaquia se ata al euro en pleno vendaval

La corona eslovaca es la decimosexta divisa que se integra en una Unión Monetaria Europea que ayer celebró sus 10 años de atrayente estabilidad.

Eslovaquia se convirtió ayer, 1 de enero, en el decimosexto socio de la zona euro y coronó así una deslumbrante década de consolidación política y económica. Ese mismo día, su antigua pareja, la República Checa, asumió la presidencia semestral de la UE entre la inquietud y la desconfianza del resto de socios comunitarios por la deriva euroescéptica de las autoridades de ese país.

La divisa eslovaca se integra en la Unión Monetaria (que ayer cumplió 10 años) a un tipo de cambio irreversible de 30,12 coronas por euro, después de soportar tres años de presiones alcistas que la han revalorizado casi un 25%. Praga, mientras tanto, ni siquiera ha fijado todavía un calendario para el ingreso en la zona euro.

Nadie hubiera predicho una relación tan desigual con Bruselas en 1993, cuando Checoslovaquia firmó su divorcio de terciopelo. La República Checa emergió de la separación como uno de los países más prometedores de Europa del Este y un firme candidato a la Unión Europea. Bratislava, en cambio, se convertía en la capital de un estado casi paria bajo Vladimir Meciar.

'El euro funciona', resume el comisario de Economía, Joaquín Almunia

15 años después, y tras acometer una profunda reestructuración y privatización del sector industrial y financiero, Eslovaquia ha cumplido los criterios de Maastricht y el próximo día 16 de enero su divisa nacional desaparecerá definitivamente de la circulación. El Banco Central Europeo (BCE) expresó ayer su satisfacción por la entrada de Eslovaquia en la zona euro. La incorporación de un país de 5,4 millones de habitantes y un PIB de unos 62.000 millones de euros no supone un gran impacto más allá del institucional.

Con la presencia del gobernador del Banco de Eslovaquia en Fráncfort, el Consejo de Gobierno del BCE alcanza la cifra de 22 miembros, límite previsto por los estatutos del emisor para establecer un sistema de rotación entre los bancos nacionales. Pero el BCE decidió el pasado 18 de diciembre aplazar la introducción de turnos mensuales en el derecho de voto de los gobernadores hasta que la zona euro cuente con 19 socios.

A Bratislava, en cambio, la incorporación al euro le llega en un momento especialmente delicado para las economías de Europa del Este. La UE y el FMI tuvieron que acudir en octubre al rescate de Hungría con 20.000 millones de euros para salvar a ese país del vendaval financiero. En diciembre fue el turno de Letonia, que recibió 7.500 millones. Otros socios más recientes de la UE, como Rumanía y Bulgaria, viven en plena convulsión política.

Incluso los veteranos de la UE que se habían negado a aceptar el euro, como Dinamarca, Suecia o el Reino Unido, observan ahora con interés el ancla de estabilidad al que se ha atado Eslovaquia. 'El euro funciona', asegura el comisario europeo de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia, con motivo del décimo aniversario de la divisa europea. 'Ha generado la inflación y los tipos de interés más bajos que se hayan conocido y en los actuales tiempos de crisis, está protegiendo a las empresas de la volatilidad de los tipos de cambio', añade Almunia.

Las cifras

30,12 coronas por euro es el tipo de cambio con el que se ha incorporado la divisa eslovaca a la zona euro

33 por 100 por debajo de la media europea se encuentra la renta per cápita en Eslovaquia

11 países, incluida España, adoptaron el euro en 1998. Grecia, Chipre, Malta y Eslovenia llegaron después

329 millones de habitantes tiene la zona euro con el ingreso de Eslovaquia (frente a 302 de EE UU)

4,9% es la previsión de crecimiento del PIB de Eslovaquia para 2009, según la Comisión Europea

84 millones de monedas conmemorativas serán emitidas desde hoy por los 16 socios de la zona euro

La UE teme la presidencia de Praga

Francia pasó ayer el testigo de la presidencia semestral de la UE a la República Checa. Después del torbellino de Nicolas Sarkozy, Bruselas tiembla ante la perspectiva de seis meses bajo la batuta euroescéptica del presidente checo, Vaclav Klaus, y la europragmática de su primer ministro, Mirek Topolanek, que ayer informó que la República Checa anunciará el 1 de noviembre la fecha en la que prevé incorporarse a la zona euro.

Klaus, en teoría, no tiene competencias en política exterior. Pero dado su temperamento parece difícil que no se convierta en el protagonista mediático de la presidencia checa gracias a sus declaraciones. El presidente checo no oculta su reticencia, rayana en el desprecio, hacia una estructura comunitaria a la que ha comparado con la Unión Soviética. Bruselas teme que ese tipo de críticas se repitan durante una presidencia que coincidirá con las elecciones al Parlamento europeo.

Praga, además, tendrá las riendas de la UE durante un periodo tan crítico como el que ha atravesado, con reconocido éxito, la presidencia francesa. El principal reto continúa siendo la crisis financiera, en cuya solución Europa ha intentado asumir el liderazgo con la convocatoria de un G-20 que tiene su segunda cita en Londres el 2 de abril.

El Gobierno de Topolanek también debe mantener encarrilada la ratificación del Tratado de Lisboa, un proceso al que ha estado poniendo trabas durante meses. El Parlamento checo espera pronunciarse sobre el texto europeo el próximo 3 de febrero. Pero el Gobierno supedita esa votación al éxito de otra anterior sobre el convenio con Washington para permitir el despliegue en territorio checo de un sistema estadounidense antimisiles. Si el convenio no sale adelante, el Tratado de Lisboa también podría quedar bloqueado. Ese tropiezo complicaría aún más la intención del Gobierno irlandés de convocar un segundo referéndum sobre el texto en octubre de 2009.

A Klaus y Topolanek también les corresponderá, probablemente, recibir al nuevo presidente de EE UU, Barack Obama. Quizá hubieran preferido coincidir con George W. Bush.