COLUMNA

Fin de la euforia en el Báltico

Los Estados del Báltico se enfrentan a una severa resaca económica en 2009. Letonia, Estonia y Lituania disfrutaron la euforia de los años 2006 y 2007 con un crecimiento del 10% y déficits de doble dígito. Ahora tienen que cerrar sus déficits sin devaluar. Al entrar en los programas de estabilización, pueden echarle la culpa a la austeridad en la UE y el FMI.

La mayoría de los problemas de los Estados del Báltico derivan de los éxitos económicos y del dinero barato. Al haber privatizado con eficacia y reducido el gasto público por debajo del 40% del PIB, crecieron rápidamente entre 2003 y 2007, cuando su eficiencia y sus ventajosos costes respecto a otros países de la UE atrajeron fuertes inversiones extranjeras. Sus monedas, ligadas al euro, permitieron préstamos de los bancos internacionales con los bajos tipos de interés del euro, incluso aunque los sueldos domésticos y la inflación permanecieran relativamente altos. La caída de la competitividad y la fortaleza de las monedas extranjeras produjeron enormes déficits en la balanza de pagos, por encima del 10% del PIB en Estonia y Lituania y por encima del 20% en Letonia.

Con la disponibilidad de fondos para los mercados emergentes a la baja, los Estados bálticos tienen ahora que cuadrar sus cuentas. La devaluación, el tradicional sistema para hacerlo, no está fácilmente disponible. Las tres monedas están formalmente ligadas al euro, por tanto su devaluación podría ser un importante golpe para la credibilidad económica.

Para cuadrar las cuentas, los tres países tienen que incrementar las exportaciones y reducir las importaciones. Lituania está haciendo el mejor trabajo en exportaciones, que han aumentado un 43% entre enero y septiembre de 2008 respecto al año anterior. Letonia ha optado por la deflación doméstica y por una reforma del plan del FMI, centrándose en la reducción de sueldos, la reforma del sector bancario y la austeridad del sector público. Estonia, con el mercado más libre y el sector público más pequeño, cuenta con incrementar la exportación de servicios y la deflación doméstica.

La dura deflación durante un prolongado periodo será altamente impopular políticamente y corre el riesgo de una fuerte reacción populista. Sólo Letonia ha afrontado este riesgo directamente -y puede ahora culpar al FMI y a la UE-. Lituania y Estonia pueden aún encontrar el conveniente chivo expiatorio incluso más útil que el dinero. Por Martin Hutchinson

Menos despilfarro

Cuando el sistema financiero occidental comenzó a torcerse en 2007, parecía que las adineradas naciones del Golfo podrían ser las salvadoras económicas del mundo. Pero la caída del 75% en el precio del petróleo desde su máximo ha cambiado esto. Muchas naciones del Golfo se enfrentan ahora a déficits presupuestarios. Esto forzará a reconsiderar algo los planes de gasto.

Los seis años del boom petrolero financiaron un gasto interno récord en el Golfo, con los Gobiernos vertiendo miles de millones en el turismo, la industria y la construcción. Los seis países del Consejo de Cooperación del Golfo -Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Bahrein y Omán- planificaron sus presupuestos nacionales de 2008 con un precio medio del petróleo de alrededor de 50 dólares el barril. Los altos precios en la primera mitad del año permiten que los países del Golfo tengan todavía superávit.

Pero las finanzas domésticas parece que estarán más tensas en 2009, cuando la demanda global de petróleo disminuya y la OPEP se vea forzada a hacer recortes de producción en un intento de apuntalar los precios. Los países del Golfo están sometidos a enormes presiones para mantener el gasto interno. Arabia Saudí acaba de anunciar su presupuesto más expansivo, incluyendo planes para construir varios aeropuertos y 50.000 nuevas plazas hoteleras. Incluso la endeudada Dubai, perteneciente a Emiratos Árabes, planea incrementar el gasto público en torno al 20%.

Los analistas están pronosticando un precio medio del petróleo de sólo 47 dólares el próximo año. Pero los presupuestos nacionales contemplan 55 dólares. Fuera del Consejo de Cooperación, Irán necesita que se sitúe en 75 dólares para evitar un déficit de cuenta corriente, según el FMI.

Los déficits son inevitables. Afortunadamente, los países del Golfo -excepto Omán, el más pobre- tienen abundantes reservas para financiar déficits durante un par de años. La sensata respuesta podría ser retener algo de los más ambiciosos proyectos de inversión. Pero hay pocos signos de que esto esté ocurriendo a juzgar por la retórica de los líderes de la región. Para la extensión que los países del Golfo quieren abarcar en casa, es probable que sean menos despilfarradores en el extranjero. Por Una Galani