¿Y si les vendo la Cibeles?

Miguel Rodríguez

De un tiempo a esta parte, coincidiendo con la entrada en vigor de la normativa española sobre hedge funds, numerosas firmas de gestión alternativa han visitado España, cantando las bondades de su análisis, de su due diligence. Vendiendo el rigor de su investigación de campo y de sus infalibles sistemas informáticos, con los que radiografían a los hedge funds en que invierten y, sobre todo, a las personas que los gestionan.

Cuando un gestor de fondos de fondos hedge cuenta el proceso de análisis que lleva a cabo para escoger -o no- a un hedge fund para su cartera, es difícil no quedarse boquiabierto, ojiplático. Porque para que un gestor carteras de hedge funds invierta en un fondo, tiene que conocer poco menos que la marca de calzoncillos que utiliza el gestor.

Porque no se trata sólo de saber cómo gestiona, cuáles son sus herramientas de análisis o su track record (cómo la ha hecho en el pasado). La investigación sobre un gestor de hedge funds llega hasta el punto de saber si está casado o divorciado, si tiene hijos, si invierte su propio dinero en el fondo que gestiona e incluso si está enfermo o lleva una vida disoluta. Todo, porque la rentabilidad de la cartera depende tanto del talento del gestor, de sus capacidades, que es relevante conocer desde la capacidad de sus herramientas informáticas hasta su estado anímico.

Por eso mismo, no se explica que tantos hedge funds se hayan visto atrapados en una estafa como la de Madoff. Porque si de hacer due diligence se trata, Madoff era la opacidad personificada, hasta el punto de que ni los propios clientes sabían cómo lo hacía, ni tenían acceso libre a sus cuentas.

Se puede entender que Madoff, todo sonrisa y carisma, convenciera a las viudas millonarias de Palm Beach para que invirtieran su dinero en la estafa piramidal. Pero no se entiende que lo hicieran gestoras de fondos que gozan de renombre mundial y a las que se les presupone, y presumen de ello, un proceso intensivo de due diligence. Y si les vendo la Cibeles, ¿me la compran?

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