COLUMNA

Recetas japonesas

Los comunicados de la Reserva Federal son a menudo aburridos y son estudiados minuciosamente por los economistas que buscan pistas en pequeños cambios en la redacción. La amplia declaración del martes del banco central de EE UU parece en comparación mucho más excitante. Además de recortar de la noche a la mañana sus tipos de interés fundamentalmente a cero, la Fed explicó detalladamente cómo usará su balance para bombear dinero a la economía. La información adicional es bienvenida. Pero esta política se enfrenta a un gran obstáculo, la mala disposición de los bancos a prestar dinero.

El balance de la Fed tiene cerca de 2,3 billones de dólares, más del doble que el año pasado, al tener que ampliar con urgencia el crédito a instituciones financieras y algunas empresas. Ben Bernanke y sus amigos han estado intentando también primar los préstamos para comprar valores de los bancos y pagar por ellos para aumentar la cuenta de balance de las firmas en la Fed. Esto crea eficazmente dinero sin necesitar en realidad imprimir más. Los fondos en esa contabilidad pueden entonces ser usados como reserva para respaldar nuevos préstamos que los bancos hagan a sus clientes.

Esta técnica, denominada quantitative easing (helicóptero monetario), fue ejercida por Japón desde 2001 a 2006 en un intento de sacar a su economía del lodazal. El problema es que depende de la buena disposición de los bancos al préstamo. Y parece que su apetito para conceder nuevos préstamos parece bajo. El exceso de reservas en depósitos a la Fed -aquellos que no son préstamos bancarios extraordinarios- se ha disparado hasta cerca de 600.000 millones de dólares en los últimos meses. Eran apenas 2.000 millones hace más o menos un año.

Debido a que los bancos están peleando para desapalancarse, se muestran recelosos de anotar en sus libros nuevos activos en préstamo. No hay mucho que la Fed pueda hacer acerca de esto. Puede favorecer una más directa aproximación o simplemente comprar bonos del Tesoro, referido a hipotecas y otros valores, pero esto tiene que ser financiado de alguna manera. Con el Tesoro diciendo que ya no puede prestar vastas sumas en nombre de la Fed, al banco central puede costarle mantener aquellas espitas abiertas. Pero con su tipo de interés ahora tocando fondo, había pocas opciones más. Por Dwight Cass

Morgan vuelve a su origen

El experimento de tres años de Morgan Stanley imitando a Goldman Sachs se ha acabado. El banco de Wall Street está sujetando las riendas de las actividades de riesgo y volviendo a sus raíces, orientado a los clientes. Es un repliegue sensible. Pero también significa que la capacidad de la firma para obtener ganancias probablemente se reduzca.

Es un cambio de rumbo para John Mack que, envidioso de los enormes resultados de su principal rival durante el boom, incrementó las actividades de riesgo de Morgan Stanley tras volver como consejero delegado en junio de 2005. La firma no ha sufrido pérdidas de la cuantía de muchos de sus rivales. Sin embargo las ganancias del cuarto trimestre revelan bastante sufrimiento en la justificación en el cambio de estrategia.

Podrían no parecerlo a primera vista. Goldman y Morgan Stanley perdieron 2.000 millones de dólares cada uno en el trimestre que finalizó en noviembre. Ambos provisionaron activos. Y un bajón en algunos negocios era esperado, considerando que los mercados temían que Morgan Stanley fuera troceada por partes entre septiembre y octubre.

Los resultados habrían sido peores, sin embargo, si no hubiera sido por una hábil gestión del balance: comprar unos 12.000 millones de dólares de su propia deuda a buen precio añadió 2.800 millones de dólares de ingresos. También asumió pérdidas en la venta de inmuebles. Todas estas pérdidas, según el jefe financiero Colm Kelleher, fueron una de las razones de que la negociación de las acciones de Morgan cayeran un tercio mientras que Goldman permaneció sólido. El banco tendrá ahora poco más que una presencia simbólica para operar por cuenta propia.

Goldman era casi inmune. Pero culturalmente está más cómodo tomando riesgos. Los nerviosos inversores, sin embargo, no apreciarán más pérdidas a corto plazo. Por tanto, el retorno de Morgan Stanley a sus tradicionales negocios centrados en el cliente parece sensato.

Pero ¿de dónde vendrán las ganancias futuras? El apalancamiento es bajo, el negocio de fusiones y OPV está parado y está dando marcha atrás en sus operaciones en Bolsa. Démosle un año o dos y las cosas puede que hayan mejorado. Pero cuando mejoren, alcanzar siquiera su objetivo del 12% sobre fondos propios el próximo año parece algo muy complicado. Por Antony Currie