Como diez veces la quiebra del LTCM

Nuño Rodrigo

La fuerza de la costumbre ha modificado la percepción del fraude orquestado por Bernard Madoff. Lejos de desestabilizar los mercados, como sería de esperar, la Bolsa parece más pendiente de cuestiones como la rebaja del precio del dinero en EE UU, aunque al final la Fed sorprendió con un recorte más agresivo de lo esperado al situar los tipos entre el 0% y el 0,25%.

Quizá sea porque realmente el mercado está tan deslavazado que todo da igual. O quizá, lo que se antoja más probable, porque todavía no se ha valorado en toda su dimensión el efecto Madoff. La magnitud del fraude es 10 veces el caso LTCM, en 1998, que por sí solo obligó a varias bajadas de tipos de interés en Europa y Estados Unidos. Aquella quiebra provocó una caída de más del 30% en el Ibex 35, pero el caso de Madoff, más voluminoso y más escandaloso -en 1998 se trataba de apuestas fallidas, en 2008 de un fraude piramidal tal cual- no afecta a la Bolsa.

'Cuidado con enero', dicen en las mesas con contactos institucionales. Según distintas fuentes del mercado, la reacción de los inversores institucionales y banca privada ante este último escándalo ha sido la que cabe esperar cuando la confianza deja de existir: reembolsar el dinero colocado en aquello que suene raro o cuyas siglas vagamente recuerden las palabras hedge funds. Un movimiento que puede acelerar el famoso proceso de desapalancamiento que han llevado a cabo los hedge funds desde la caída de Lehman Brothers.

Si hay que satisfacer reembolsos y el fondo está endeudado, toca sacar dinero de donde sea, es decir, toca vender todo tipo de activos. Probablemente, dada la iliquidez que caracteriza las inversiones en hedge funds, el proceso dure varias semanas. En otras palabras, el proceso de deshacer posiciones no será de un día para otro. Pero puede ser igualmente complicado para unos mercados que ya están extremadamente débiles; con poco negocio, cualquier presión vendedora tiene un notable efecto en precios. Y, además, no hay compradores oportunistas. Cuidado con enero.

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