Economía

La caída del empleo causa un descenso del 4,3% en la renta salarial real

La importante destrucción de empleo que viene registrándose desde el verano ha desplomado la renta salarial real un 4,3% en noviembre, a niveles desconocidos incluso en la anterior crisis económica de 1993, cuando este indicador llegó a caer un 3,5%. Esto está generando una pérdida de confianza sin precedentes que ha llevado a los hogares a dejar de consumir, lo que ha derrumbado las ventas minoristas un 6,9%.

El miedo a perder el empleo está sembrando el pánico entre los consumidores y llevando las cifras negativas a todos los sectores de la economía. El millón más de parados que se ha registrado en el último año y la fuerte destrucción de casi 700.000 empleos en los últimos doce meses, son la principal causa del derrumbe de la renta salarial real agregada en noviembre.

Esta agregada, que mide el avance de los salarios nominales y del empleo, a lo que resta el aumento de la inflación en el mismo periodo, había caído un 4,3% el mes pasado. Así, el mantenimiento de un aumento de los salarios pactados en convenio del 3,5%, similar al experimentado en todo el ejercicio, se vio fuertemente contrarrestado por una importante caída del empleo en noviembre, del 3,5%, en el registro de la Seguridad Social.

De esta forma, ambos indicadores se neutralizan, pero el lado negativo lo aporta la inflación media de los últimos doce meses, que resta algo más de cuatro puntos de poder adquisitivo y sitúa la renta salarial real en el -4,3%.

Esto no ocurría desde la anterior crisis de la economía española en 1993, e incluso entonces la caída de esta renta fue menor, ya que se recortó un 3,5%. En aquella ocasión, la renta salarial real se mantuvo en tasas negativas desde el inicio de la crisis a finales de 1991 hasta los comienzos de la recuperación, a mediados de 1994. Ahora, esta grave pérdida del poder de compra se inició en el primer trimestre de 2008 y ha ido empeorando a medida que se ha deteriorado el mercado laboral.

Con menos dinero en el bolsillo, las familias y las empresas han congelado sus decisiones de compra. Así, los datos de la Contabilidad Nacional indican que el consumo de los hogares avanzó sólo un 0,1% en el tercer trimestre del año, mientras que la inversión cayó un 3,2% en este periodo. De hecho, la demanda doméstica sólo aportó una décima al crecimiento interanual de la economía española que se situó en el 0,9%.

Como no podía ser de otra manera, esto se ha dejado sentir en las cuentas del comercio minorista, que cayeron un 6,9% en octubre. Esta cifra se eleva al 8% si se corrigen los efectos del calendario. El gasto en equipamiento del hogar es el que más se resintió con un recorte del 15%.

Pero esta pérdida del poder adquisitivo, junto a la escasez de financiación ha generado un sentimiento generalizado de pesimismo. Así, el indicador de sentimiento económico se situó en noviembre en 63,3 sobre base cien, mínimos históricos),

Todo ello ha condicionado aún más la compra de bienes más costosos. Por ejemplo, la venta de coches cayó estrepitosamente un 49,6% en noviembre pasado. También el citado endurecimiento del acceso a los créditos ha hecho descender un 31,5% el número de hipotecas suscritas y un 35,4%, el capital prestado.

Este escenario ha sido el culpable de que la economía española haya entrado en el club internacional de economías a las puertas de la recesión, ya que el PIB del tercer trimestre se contrajo un 0,2% respecto al trimestre anterior. Es la primera vez que esto ocurría en quince años, también desde la anterior gran crisis de la economía. Es más, todos los analistas y el propio Ministerio de Economía, da por descontado que España entrará en recesión en este último trimestre.

La mejora de la renta salarial real no parece factible en los próximos meses. Podría pensarse que la drástica bajada de la inflación provocada por el descenso del precio de las materias primas -el barril de petróleo Brent cotiza ahora por debajo de los 40 dólares- y la escasez de demanda permitirían cierta mejora del poder adquisitivo.

Sin embargo, las otras dos partes de la ecuación (creación de empleo y subidas salariales) podrían dar al traste con esta mejora. El presidente de la patronal, Gerardo Díaz Ferrán vaticinó este fin de semana que la destrucción de empleo llegará hasta principios de 2010, superando entonces los cuatro millones de parados. Y las negociaciones salariales se verán seguramente condicionadas por la caída de la actividad empresarial, a pesar de la intención de los sindicatos de mantener las alzas retributivas entre el 2% y 3%. CEOE ya ha aconsejado a los negociadores patronales que no duden en congelar las subidas salariales en las empresas donde sea necesario para conservar el empleo.

El peligro de indizar las retribuciones

Referenciar la subida de los sueldos al IPC "puede introducir un sesgo inflacionista que contribuya a mantener una tasa de inflación más elevada, sin que esto se traduzca en un mayor crecimiento de los salarios reales". Esto es lo que opina Juan Francisco Jimeno, jefe de investigación del Servicio de Estudios del Banco de España, quien ha calculado, en el último boletín de esta entidad, que entre 1991 y 2007 la relación entre las cláusulas de revisión salarial (que indizan del todo o en parte el alza retributiva a la inflación real) y el crecimiento de los salarios en términos reales fue negativa (-0,33). Además, Jimeno alerta en contra de estas cláusulas (que protegen al 50% de los asalariados y al 75% de los trabajadores con convenio), al asegurar que favorecen los llamados "efectos de segunda ronda", que acaban convirtiendo aumentos transitorios de la inflación, en permanentes.

Para probar esta afirmación, este experto del Banco de España argumenta que los datos disponibles indican que la inflación en España "es más elevada y más persistente que en la zona euro". En concreto, el diferencial de precios de la economía española con la de la Unión Monetaria fue en promedio del 1,6% en el periodo 1996-2001 y del 1,8% entre 2002 y 2007. Y concluye que los efectos de la indización salarial "pueden resultar especialmente negativos en una situación económica como la actual, en la que se han producido repuntes transitorios de precios que no deberían trasladarse a los costes laborales".

EFECTOS CONTAGIOSOS

La grave escasez de demanda está cortando en seco la oferta. Así lo evidencia el último dato de la producción industrial, que refleja una caída del 12,8% en octubre. Esta cifra ha desembocado en un mayor pesimismo entre los empresarios de la industria, lo que se traduce en un retroceso del indicador de confianza industrial del 32,6% en noviembre. El futuro no se presenta mejor, ya que la cartera de pedidos registró una caída del 49% en este mismo mes.