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En busca de la corbata perfecta

La reina de las prendas masculinas tiene el poder de arruinar un traje o de inmortalizarlo.

En busca de la corbata perfecta
En busca de la corbata perfecta

Que nadie le engañe. Si pretende usted entrar con buen pie en el mundo de la elegancia masculina debe tener algo claro: tendrá que gastar dinero en corbatas. Le dirán que un buen traje italiano a medida es una gran inversión. Y es cierto. Le contarán que unos clásicos zapatos ingleses hechos a mano denotan buen gusto. Y es cierto también. Pero todo ello es papel mojado si no va usted acompañado de una corbata exquisita.

¿Por dónde empezar? Un buen principio es desterrar un par de tópicos dañinos muy extendidos entre los amateurs de la ropa masculina: el primero, la idea de que nadie se fija en la corbata; el segundo, la ilusión de que todas son iguales. Desde Beau Brummel hasta Giovanni Agnelli, la corbata ha marcado distancias y ha esculpido personalidades. No la subestime. Nunca una prenda tan ligera ha marcado tantas y tan grandes diferencias.

Pero ¿cómo hacer una buena elección? Desde Hermès comienzan por el abecé. 'Para elegir una corbata es fundamental saber para qué se necesita. Se elige un modelo según la ocasión, ya sea para trabajar, para una ceremonia o para una cacería. En segundo lugar, lo importante es saber con qué ropa se va a combinar. Por último, la corbata debe ir con la personalidad y favorecer'. Este último consejo -lo descubrirá pronto- es el más complicado.

'Se puede reconocer una buena corbata cuando se lleva puesta. Cuando se anuda una corbata y el nudo cae bien, no se gira. Si nos la quitamos por la noche, la enrollamos en la mano y la guardamos, y si al día siguiente no tiene ni una arruga podremos decir que poseemos una corbata de excelente factura', afirma por su parte François Vinas, director de la casa italiana Atelier F&B.

Antes de nada deberá fijarse en el tejido: la seda y la lana son opciones recomendables (la lana sólo en invierno y preferiblemente en el campo). Toque la prenda antes de comprarla, un tacto agradable será la confirmación de que lo que dice la etiqueta es verdad. La corbata debe estar realizada con tres piezas de tela. Si aspira a nota y se decanta por una prenda hecha a mano deberá cerciorarse de que la costura interior está realizada a puntadas artesanales.

El forro normalmente será de algodón, excepto si se trata de una seven-fold-tie, corbatas hechas íntegramente de seda. La anchura universalmente aceptada como elegante no supera los 9,5 centímetros ni es inferior a 8,5. Sólo un hombre con el estilo del príncipe Michael de Kent puede romper esa norma (y la rompe) con buenos resultados. No trate de imitarle.

El estampado es otro punto crucial. Si es usted un principiante no haga experimentos. Las rayas siempre funcionan, pero también el cachemir es una opción segura. Si se eligen dibujos, que sean pequeños, y si se opta por las rayas, que tengan dos o tres colores como mucho. El color debe ser más oscuro que el de la camisa (que nunca debe ser oscura) y más vivo que el del traje, sin exagerar.

La combinación con el traje y la camisa puede arrastrarle a la gloria o empujarle al ostracismo. Un truco para no meter la pata es huir de las corbatas gruesas con las camisas de cuadros y evitar mezclar rayas con rayas. No combine el pañuelo de la solapa con la corbata, es de mal gusto. Sobre nudos habría mucho que decir, pero bastan un par de ideas: los más conocidos son el americano y el Windsor. El primero se combina más fácilmente; el segundo es más serio y va mejor con camisas de cuello abierto.

Para acertar no hay nada como acudir a los maestros. Casas como los británicos Benson & Clegg, la francesa Charvet, la estadounidense Brooks Brothers y la italiana (napolitana) Marinella son apuestas seguras. Para esta Navidad pida a los Reyes un modelo Pala o Boston de Hermès, una corbata de la serie limitada de corbatas vintage de cachemir de Atelier F&B o una creación de seda de la firma Kiton. Acertará.

Buenos maestros

Giovani Agnelli, L'Avvocato, que falleció en 2003, no sólo es recordado como el gran empresario que internacionalizó Fiat, sino por su elegancia y estilo propio. Agnelli llevaba el reloj sobre el puño izquierdo de la camisa, usaba botines con ropa formal e hizo famosa su peculiar forma de anudar la corbata: con la parte más estrecha sujeta por el pantalón y la más ancha descendiendo sólo a la mitad del pecho.

El grosor de las corbatas del príncipe Michael de Kent, con un marcado estilo años setenta, es el detalle más característico de su estilo en el vestir. Clásico y con un marcado acento aristocrático, su afición a los trajes cruzados de corte inconfundiblemente británico suponen su mejor tarjeta de presentación en el club de la elegancia.