COLUMNA

Vía de socorro para Sacyr

Algo de respiro para Sacyr al final. La endeudada compañía constructora española ha acordado vender la mayoría de su negocio de autopistas de peaje, Itínere, a Citi Infraestructure Partners por 7.900 millones de euros, incluida una deuda de 5.000 millones de euros. Esto deja a Sacyr fuera de la sala de urgencias por ahora. Pero la compañía está en una vía de salida de la autopista del desapalancamiento.

El acuerdo es completamente amistoso, e implica que Sacyr mantiene el valor de algunas autopistas en torno a los 450 millones de euros. Pero una vez se complete la transacción, Sacyr debería recibir unos 2.100 millones de euros por su participación del 90% en Itínere. Esto también es así por ser la cantidad que debe en 2009.

No son todo buenas noticias sin embargo. Un reducido Sacyr perderá la liquidez de Itínere, que ha contribuido con un 41% al Ebitda del grupo en los primeros nueve meses del año. Esto es casi una pérdida para Sacyr en un momento en el que el colapso en las ventas de viviendas en España está haciendo mella en el flujo de caja de la constructora.

Tampoco es el final de los problemas de Sacyr. El grupo todavía tiene que luchar con los 5.200 millones del préstamo para adquirir su participación del 20% en Repsol. Los términos del préstamo pueden llegar a ser más duros al final de mes, y Sacyr puede tener que poner garantías adicionales. Esto explica por qué Sacyr está tan atareada intentando vender la participación en Repsol cuando el grupo de gas y petróleo se está negociando en Bolsa a 14,40 euros por acción, bastante por debajo de la media de 26,70 euros que pagó por la participación en 2006.

Esto también explica por qué Citi ha sido capaz de manejar lo que parece una dura ganga. Está pagando un 48% de descuento respecto al valor neto de los activos, según UBS. Esto está justo por debajo de la parte baja del rango de precio de la abortada OPV de Itínere a principios de este año con el añadido de que Citi consigue el control de los negocios también.

El acuerdo muestra que hay todavía mucho interés en los activos de infraestructuras, especialmente cuando proceden de vendedores angustiados. Pero Sacyr puede tener que tomarse incluso más molestias cuando tenga que acordar una venta de la participación de Repsol.

Por Fiona Maharg-Bravo

Un compromiso UE-Francia

¿Podrían los rescates bancarios tutelados por los Gobiernos degenerar en una competencia desleal en la industria de los servicios financieros en la UE? Las objeciones de la Unión Europea al camino que ha elegido Francia para recapitalizar sus bancos subraya la necesidad de reglas comunes dentro de la UE y la necesidad de que éstas sean puestas en marcha con sutileza.

Aparentemente, parece un conflicto familiar entre el tradicional acercamiento al mercado libre de la Comisión Europea y el profundamente arraigado intervencionismo de Francia. El Gobierno francés forzó en los últimos meses a los bancos del país a aceptar 10.500 millones de euros de deuda subordinada, aunque los bancos dijeran que no la necesitaban. Esto podría elevar su Tier 1 un 0,5%. A cambio los bancos tuvieron que prometer que incrementarían entre un 3% y un 4% su stock de crédito para la economía -hogares y negocios-. Pronto los banqueros se apresuraron a decir que habían acordado simplemente participar en el paquete de estímulo económico del Gobierno.

Puede haber sido el peor movimiento. Porque esto es precisamente a lo que se opone la UE. La Comisión quiere asegurarse de que el dinero de los Gobiernos no es utilizado para distorsionar la competencia. Después de todo, los bancos quebrados fueron rescatados con una masiva inyección de dinero público -como el franco-belga Dexia-. Pero el Gobierno francés y los bancos siempre han dicho que no necesitaban apuntalar su base de capital -de ahí la sospecha de que el plan francés es sólo otro desleal subsidio-. La Comisión ha pedido también que los accionistas de los bancos contribuyan al plan, bien reduciendo capital o por la vía de no cobar dividendos.

La ironía es que algunos bancos franceses están simpatizando en privado con la UE -ellos nunca se sintieron a gusto con tener que tomar dinero que no necesitan en condiciones que no quieren-.

Las probabilidades están ahora en que se encuentren compromisos: abandonando la conexión mecánica entre la ayuda del Gobierno y un objetivo de crecimiento del crédito pero manteniendo la idea básica de que los bancos sean animados a prestar. Aunque sólo sea porque parecería extraño que la UE rechazara el plan francés cuando hace menos de una semana José Manuel Barroso, su presidente, sugirió un paquete de estímulos de 200.000 millones de euros para Europa.

Por Pierre Briançon