COLUMNA

El tanque ¿lleno o vacío?

Los máximos responsables de Chrysler, Ford y General Motors están escribiendo la pobreza. Sin embargo, parecen tener dinero a manos llenas para hacer presión en búsqueda de un plan de rescate del contribuyente por 25.000 millones de dólares. Rick Wagoners, de GM, está llenando de anuncios las páginas de los periódicos. Los tres jefes viajan en jet privado hasta Capitol Hill para pedir dinero. Este libertinaje envía un mensaje equivocado y socava su idoneidad para permanecer en el cargo.

Es evidente que las compañías disponen los viajes de sus ejecutivos, como es el caso de Ford. Pero también que es tiempo de cambiar las normas. No cabe duda de que el presidente quiere meter la mano en las arcas públicas.

Wagoner y sus colegas -Alan Mulally de Ford y Bob Nardelli de Chrysler- podrían haberse ajustado un poco el cinturón realizando el viaje de Detroit a Whashington en uno de sus vehículos eficientes. Las 625 millas de viaje tendrían algo menos de nueve horas, según Google Maps, tiempo más que suficiente para que los tres rivales hubieran hecho algo de estrategia.

Puede ser que no tuvieran tiempo que perder en un viaje por carretera, a pesar de que seguro que el avión, como siempre, tuvo retraso, Pero al menos podrían haber considerado repartir el derroche. ¿Qué habría ahorrado cada fabricante? Quizá 14.000 dólares. Claro, eso es sólo una gota de agua en el tanque cuando estás pidiendo 25.000 millones de dólares. Pero por los menos hubieran demostrado a los legisladores que no desprecian en gastos evitables.

Por Antony Currie

Crónico, no crítico

Como las economías efervescentes en retirada, sus burbujas suenan menos felices que antes, una Italia plana, como Giulio Tremonti, el ministro de Economía, dijo esta semana, parece menos malo. Los pilares italianos -un sector industrial que aún cuenta, una razonable posición comercial, consumidores que no se ahogan en deudas, mayoría conservadora en la banca- están saltando a primera plana. Pero una severa recesión está poniendo a prueba a Italia. La tensión de pertenecer a la zona euro y no poder devaluar para coger aire puede convertirse en intolerable.

Ese riesgo se refleja en los márgenes sobre el intercambio de deuda de Italia de unos 120 puntos básicos: doblar el nivel de Reino Unido, aunque por debajo del de Irlanda o Grecia, pero una mera fracción de los 900 puntos básicos actuales en la deuda rusa.

La presión de Italia arranca participando en la primera recesión de la zona euro. La diferencia con sus colegas europeos es que esto sucede en territorio familiar. Mientras España e Irlanda tuvieron su fiesta del ladrillo y Alemania ha motorizado sus exportaciones, Italia sólo ha logrado un crecimiento promedio del 1,1% durante los últimos cuatro años. El persistente bajo crecimiento se refleja en la incapacidad de su Gobierno para adelgazar la burocracia estatal. La deuda pública excede el PIB. Silvio Berlusconi, su primer ministro, asegura que eso debe cambiar. El objetivo del Gobierno es equilibrar el presupuesto para colocar la deuda pública por debajo del 100% del PIB en 2011. Ese objetivo es vital para llegar fuerte. El último movimiento del Gobierno consiste en mostrarse cauteloso en cuestión de estímulo fiscal. Italia está preparando un plan de salvamento cifrado en 80.000 millones de euros. Pero la mayoría de ese dinero procede de los fondos europeos. Tremonti sabe que Italia puede permitirse el estímulo fiscal, pero necesita ahorrar.

Aunque la deuda se extienda a sus anchas, la clave variable podría ser el empleo. Para todos los problemas del país, Italia registra una tasa de desempleo del 6,8%, más baja que la de Francia, España o Alemania. Italia continúa trabajando. Si el desempleo aumenta, el déficit de Italia crecerá hasta niveles de la zona euro y la deuda empezaría a jugar un papel clave. Sin embargo, para eso aún queda mucho camino.

Por Ian Campbell