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Publicar libros sin derechos ni registros

El sello Ícaro ha lanzado al mercado dos obras sin permiso del autor.

Publicar obras sin la autorización del autor es una práctica que no escapa al mercado editorial español. Ícaro Ediciones, por ejemplo, es una nueva empresa radicada en Granada que ha lanzado al mercado español dos libros sin derechos de autor y sin registrarlos en el ISBN. Tras descubrirse esta circunstancia en foros de internet de lectores, la empresa ha anunciado que los retirará.

Este tipo de hechos no son del todo infrecuentes en el panorama de las pequeñas editoriales españolas. Según la abogada especializada en propiedad intelectual Ana Padial, del bufete Pintó Ruiz & del Valle, 'es cierto que existen editoriales que publican obras sin la autorización del autor y que negocian con los autores a posteriori para evitar una reclamación, aunque tampoco puede calificarse como práctica habitual'. Según Padial, 'si el autor no ha cedido los derechos de distribución y reproducción de la obra, podrá interponer contra quien la publique una demanda por infracción de derechos de propiedad intelectual.'

No es posible en cambio una actuación salvo por parte de un afectado, con lo que algunos casos pueden pasar inadvertidos si los agentes no se percatan de la situación, algo de lo que al parecer sacan partido algunas editoriales.

En el caso de Ícaro, 'se han acumulado una serie de errores', explica Vicente Gutiérrez, coordinador general de la editorial, que admite sin paliativos que no cuenta con los derechos de al menos uno de los libros, Deus Irae, co escrito por el autor de Blade Runner o Minority Report, Philip K. Dick, con Roger Zelazny. El agente de Dick, Danny Baror, confirmó la situación y se encuentra en negociaciones privadas con Ícaro, reclamándoles -según la editorial española- una cantidad desorbitada en concepto de daños y perjuicios. 'Nuestro asesor para la colección de ciencia ficción nos aseguró tener el acuerdo de un agente que decía representar a Zelazny, el otro autor, y cuando hemos descubierto que no teníamos el libro, nos pusimos en contacto con Baror. Si no llegamos a un acuerdo, retiraremos todos los libros y destruiremos la tirada', explica Gutiérrez.

El otro libro publicado por Ícaro es un volumen del autor estadounidense Vernor Vinge, A través del tiempo real, otro clásico de la ciencia ficción de los 80.

Otro editor con larga trayectoria en este campo, Juan Carlos Poujade, se puso en contacto con el agente de Vinge para informarse sobre este título y éste le manifestó no saber nada de la publicación. Desde Ícaro admiten que el contrato 'se negoció con el mismo agente del permiso de Deus Irae, por lo que tememos que también está de manera irregular'. De la misma forma, Gutiérrez afirmó que se pedirá a la distribuidora la retirada del volumen. Además, los libros ya publicados no figuran en el ISBN -algo poco usual- aunque según Gutiérrez tienen los papeles para la solicitud 'sobre la mesa'.

Con tiradas cercanas a las 2.000 copias, los libros de Ícaro estaban el pasado fin de semana a la venta en los principales centros comerciales a través de la distribución de Logintegral 2000, propiedad de Unedisa, la editora de El Mundo. Según Agustín González, responsable de la distribuidor de Unedisa, su empresa no es consciente del tema, y lo investigará, aunque también reconoció 'no tener más contacto con Ícaro que un teléfono móvil'.

El precedente de Pulp Ediciones

El caso de Ícaro ha salido a la luz en los activos foros de internet de aficionados a la literatura de ciencia ficción. El motivo es que, en ese género en concreto, llueve sobre mojado.

Hace cinco años, se demostró que una de las principales editoriales especializadas en el género, Pulp Ediciones, con cerca de un centenar de libros en su haber, tampoco conseguía los derechos de los títulos que editaba, o de sus traducciones. En las ocasiones en que firmó un contrato jamás lo pagó, estirando la situación durante cerca de dos años. Curiosamente, la situación salió a la luz gracias a un pirata editorial.

Existen páginas web en las que algunos seguidores de este género colocan, escaneados, libros descatalogados que son buscados por los fans. Uno de esos piratas tenía la costumbre de cambiar una frase del texto original para citar en ella a La Cuesta de Moyano, la conocida calle madrileña en la que se venden libros de lance. La Cuesta aparecía en varios títulos de Pulp, evidenciando que el sello utilizaba esos ficheros pirata para sus ediciones. En algunos casos firmaba las traducciones con M. Blanco, un seudónimo procedente de los salvajes años 50 del mercado editorial español, y que no quiere decir sino Mirlo Blanco.

Ante el boicot de los lectores, Pulp -que llevaba cuatro años sin presentar cuentas en el Registro Mercantil- saldó precipitadamente sus libros y desapareció del mapa. De manera que resulta significativa, sus responsables apenas recibieron más que una demanda por sus actividades: las cantidades individuales implicadas -en torno a los 2.000 euros en el mejor de los casos- no justificaban el desembolso que supone un proceso judicial.