COLUMNA

Alarmas y expectativas

La última oleada de indicadores refleja la extrema gravedad de la economía española, destaca el autor. Sin embargo, elementos como la caída del precio del petróleo, las recientes medidas del Gobierno o la elección de Barack Obama como presidente de EE UU ponen, en su opinión, un contrapunto de esperanza

La extrema gravedad de la economía española ha sido reflejada con toda crueldad por la última oleada de indicadores, cuya contundencia no deja resquicio alguno para la duda.

Sin duda, los datos más negativos -por su trascendencia económica y social- son los referidos al empleo, toda vez que estar ya en una tasa de desempleo del 11,33% -según acredita la encuesta de población activa del tercer trimestre- resulta dramático. A dicha cota se ha llegado tras cinco trimestres consecutivos de crecimiento del paro, periodo que ha visto crecer en 840.000 el número de parados -de 1.760.000 a 2.598.800; 2.818.800 a final de octubre, según el Inem-. Así las cosas, la estimación del ministro de Trabajo según la cual en 2009 se llegará a un desempleo del 12,5% aparece como una previsión voluntarista, siendo más factible que se alcance una tasa en torno al 15%, tal como han señalado varios analistas. Incluso, el presidente de la CEOE ha estimado que durante 2010 puede llegarse al 17%.

La evolución de los ingresos tributarios es también significativamente negativa. La recaudación obtenida por la Agencia Tributaria en los primeros nueve meses del año es, en términos homogéneos, un 10% inferior a la correspondiente a 2007. Mención especial merece la hecatombe que se está produciendo en los ingresos por el IVA y por el impuesto sobre sociedades, con un 14% y un 28% respectivamente de descenso de recaudación respecto al mismo periodo del ejercicio precedente.

Como consecuencia de lo anterior, unido al efecto de los estabilizadores automáticos, la economía española ha perdido uno de sus grandes logros de las últimas décadas, viendo cómo el déficit ha vuelto a instalarse en las cuentas públicas -1,34% según el último dato oficial hecho público-.

La Bolsa española no escapa al general desastre. El Ibex 35 ha perdido cerca del 50% de la cota que tenía al iniciarse 2008, con el consiguiente empobrecimiento de los inversores y la descapitalización de todos los fondos, incluidos los de pensiones, para drama de aquellos trabajadores que han destinado parte de su ahorro a la cobertura complementaria de su futura jubilación.

Adicionalmente, se ha anunciado que durante el tercer trimestre la economía española ha empezado a decrecer, con las negativas consecuencias que se derivan de la disminución del PIB.

No obstante este contexto de alarmas generalizadas, si miramos el lado iluminado de la Luna, encontramos un conjunto de elementos que permiten generar algunas expectativas por débiles que, de momento, resulten.

De entrada, determinados datos configuran un cierto contrapunto al negro panorama descrito. Así, el descenso del precio del petróleo y la atonía del consumo han moderado la inflación, cuya tasa interanual está en el 4,5%. También debe señalarse que la apreciación del dólar frente al euro parece conceder un cierto alivio a nuestras empresas exportadoras. A su vez, el leve descenso del euríbor parece anunciar un respiro a las empresas y familias endeudadas.

Por su parte, constituyen una buena noticia las medidas anunciadas por el Gobierno y pactadas con la oposición que, siguiendo la estela iniciada en Estados Unidos y continuada en varios países europeos, pretenden evitar la debacle financiera. Eso sí, resulta inadmisible la pretensión manifestada por algunos acerca de la posible opacidad sobre las entidades destinatarias de las adquisiciones públicas de activos. Y resulta inadmisible tanto desde la óptica de la legalidad -probablemente contradice preceptos constitucionales y del ordenamiento jurídico presupuestario-, como muy especialmente desde el prisma de la ética pública y de gobierno.

A su vez, el anuncio de medidas sobre la economía real permite alentar la esperanza de que del prolongado periodo de inacción -han sido demasiados días, demasiadas semanas, demasiados meses- se ha pasado a la decisión de actuar. Entre las medidas ya anunciadas prevalecen las de carácter paliativo -moratoria parcial en el pago de hipotecas para los parados, ampliación de los plazo para materializar las cuentas de ahorro vivienda, descenso de las retenciones fiscales a los contribuyentes con inversión en vivienda habitual…-. Pero también existe alguna medida reactivadora, como la ayuda de 1.500 euros al empresario que contrate a un parado -ayudas a la contratación de desempleados-. En todo caso, el presidente Zapatero ha prometido que habrá nuevas medidas de impulso a la reactivación.

Por último, el triunfo de Obama en las elecciones presidenciales norteamericanas representa un cambio de actores en la economía mundial. Los iniciales descensos de las Bolsas europeas no parecen obedecer tanto a un pesimismo provocado por dicha victoria como a las subidas previas al citado triunfo. En todo caso, el exiguo -por no decir nulo- acervo económico del nuevo presidente -y de su vicepresidente- determina que la designación del futuro secretario del Tesoro aparece como una decisión crucial para las economías norteamericana y mundial.

Ignacio Ruiz-Jarabo Colomer. Ex presidente de la SEPI y presidente de Consulting Empresarial-Cataluña