Adiós a José María Cuevas

La CEOE, su gran obra

Las malas noticias nunca llegan solas y el súbito anuncio de la muerte de José María Cuevas nos amarga una mañana dolorosa y triste. Se nos ha ido un hombre importante para la empresa y la economía, y uno de los protagonistas indiscutibles de la democracia industrial que hoy disfrutamos.

Tuve la ocasión de mantener con él numerosos encuentros de negociación y análisis, y puedo testificar que el hombre hace buena a su fama. Austero, persona de pocas palabras y vieja sabiduría, entendió desde los albores de la transición que una democracia precisaba de una sólida representación de los intereses empresariales.

Acompañó a Ferrer Salat como secretario general y fue construyendo los cimientos institucionales de una CEOE que desde sus inicios supo que la negociación debía ser su herramienta de trabajo más preciosa.

Situémonos en sus comienzos, con una España sumida en una profunda crisis económica, unas empresas esclerotizadas por el prolongado proteccionismo franquista, y una creciente sensibilidad izquierdista para la que el mundo de la empresa estaba bajo sospecha. No era fácil la tarea que realizaron aquellos pioneros de la representación empresarial, que se consolidó en paralelo a los grandes sindicatos españoles.

Pronto, la CEOE se hizo imprescindible en un triple frente. Como portavoz público de los intereses empresariales, como interlocutor necesario para la negociación colectiva y como pilar insustituible para el diálogo social con el Gobierno. Y, a las pruebas me remito, realizó con notable alto el conjunto de sus tareas, ya con Cuevas al timón, apoyado en la habilidad táctica de su secretario general Juan Jiménez Aguilar. Cuevas alcanzó acuerdos con Gobiernos de distintos partidos, al igual que no dudó en manifestar sus profundos desacuerdos con cualquiera de ellos.

Negociador duro y exigente con los sindicatos, supo llegar con ellos a acuerdos inteligentes que permitieron el desarrollo de nuestra economía y el avance de nuestras normas laborales.

El ámbito de la Seguridad Social también fue campo de su atención prioritaria. A pesar de que se soporta en las cuotas empresariales en mayor proporción que el de nuestros vecinos europeos, supo estampar su firma generosa en cuantos grandes acuerdos se alcanzaron en la materia.

Fue criticada su no condición de empresario, a lo que sus afines siempre respondieron que para la CEOE era mejor un profesional sin intereses concretos. Creo que tenían razón.

Otro frente muy importante al que tuvo que atender fue la política interna de la casa. Ostentar la entera representación del sector empresarial era tarea bien difícil y no siempre aceptada con facilidad por todos. Algunos sectores y, sobre todo, algunas organizaciones territoriales, cuestionaron a veces el modelo de representación. Pero la mano izquierda y la habilidad de Cuevas consiguieron mantener por muchos años una unidad impensable en otros ámbitos de la representación institucional o de la política en general.

En estos momentos de zozobra y desconcierto, echaremos en falta su voz inteligente y autorizada. José María Cuevas deja en la actual CEOE la obra de su vida. Ojalá el actual equipo pueda continuarla y desarrollarla. Descanse en paz el gran patrón de los patrones españoles.

Manuel Pimentel. Ex ministro de Trabajo