Adiós a José María Cuevas

El compromiso institucional de la patronal

Mi relación con José María Cuevas se desarrolló, fundamentalmente, desde la presidencia del Consejo Económico y Social (CES), que ostenté desde su creación, en 1992, hasta 2001. La puesta en marcha del Consejo, la búsqueda, desde sus primeros pasos, de un papel protagonista en el complicado mundo de la participación de las organizaciones económicas, empresariales y sindicales en el proceso de formación de la voluntad legislativa, dependía, en gran medida, de la actitud de los máximos responsables de dichas organizaciones.

José María Cuevas era uno de los artífices del diálogo social en España. El cambio sustancial de las relaciones laborales en las últimas décadas, con una disminución continua de la confrontación y del conflicto, y con una apuesta cada vez más decidida por el diálogo y la negociación, se debía, en parte importante, a su talante y a su influencia. Pero el paso a la institucionalización del diálogo social y el compromiso con la fórmula de participación de los agentes sociales, a través del Consejo, en la adopción de las decisiones más relevantes en materia de política económica, no era ciertamente fácil.

Nuestra rica, a pesar de su brevedad, historia de diálogo y concertación social desde los tiempos de la transición nos había, en efecto, acostumbrado a una interlocución directa de los agentes sociales con los poderes públicos, carente de reglas precisas de procedimiento, pero que había rendido importantes frutos. Entender que el Consejo sumaba y no restaba, añadía posibilidades a la participación y al diálogo social, sin suplantar las precedentes vía informales, era crucial para que la nueva institución pudiese cumplir un papel significativo.

Y para que eso fuese así, la actitud de José María Cuevas, y del secretario general de CEOE, Juan Jiménez Aguilar, vicepresidente desde el primer momento del CES, resultó determinante. Como fue también determinante en otro aspecto no menos importante: el CES debía conjurar los peligros de caer en la tentación de acomodación al puro formalismo y de evitar la necesaria tensión crítica con los interlocutores políticos. Al contrario, mantener esa tensión crítica y defender en todo momento la independencia de la institución constituían un presupuesto necesario para que su influencia en la legislación económica y social se dejase sentir. Tan acostumbrados como estamos a espectáculos de mansa sumisión por parte de instituciones y de instancias sociales, los riesgos de incomprensión no eran pocos. Frente a ellos, siempre tuve, como presidente, el apoyo y el aliento de los representantes de CEOE y de su presidente.

Si he de destacar algún hito, el Informe sobre Unidad de Mercado y Cohesión Social en España, aprobado y publicado por el CES en el año 2000 y que, lamentablemente, conserva plena vigencia, pudo salir adelante por la implicación de la CEOE, que supo señalar, en momentos en los que el riesgo de incomprensión era más elevado que en la actualidad, los peligros que para la unidad de mercado se cernían en nuestro país.

El diálogo social, muchos lo han dicho, le debe mucho a José María Cuevas. La institucionalización de la participación social en la política legislativa, también.

Federico Durán López. Ex presidente del CES y socio de Garrigues