Charles Goodhart

"Todos culpan de la crisis a Greenspan, y no sin razón"

El economista aboga por que se aumenten los requerimientos de capital a medida que se incrementa la valoración de los activos.

Si la culpa de la actual crisis económica mundial se pudiera singularizar en una única persona, ése es el mítico ex presidente del banco central de EE UU Alan Greenspan. Así lo considera Charles Goodhart, economista de carrera, profesor de la prestigiosa London School of Economics y ex miembro del comité de política monetaria del Banco de Inglaterra. Goodhart, de 72 años, acudió el viernes a Madrid a pronunciar una conferencia dentro de unas jornadas organizadas por la Fundación Rafael del Pino. Para este profesor, la crisis radica en un exceso de confianza y en la relajación en la supervisión de los mercados. 'Todos son culpables: supervisores, bancos, agencias de inversión y también los ahorradores'.

¿Estamos ante el final del sistema capitalista?

¡No, por supuesto que no! Esto es sólo una crisis temporal y la superaremos. Conducirá a una recesión a una serie de grandes países, entre ellos Reino Unido y España. Así que lo que tendremos serán dos años en los que los estándares de vida descenderán, eso significa que tendremos menos renta disponible y habrá mucha más gente en el paro. Pero no, no es final del capitalismo todavía.

¿Qué opina de la actuación del BCE y otros bancos centrales?

Han aprendido lentamente y han sido incapaces de evitar y prever lo que iba a pasar, pero la virulencia de esta crisis es realmente inesperada. El BCE ha sido el más rápido en actuar y ha sido el que más éxito ha tenido. Hay cierta preocupación por el riesgo que ha asumido la autoridad central en lo que se refiere a su generosidad a la hora de aceptar colaterales de dudosa calidad como garantía para conceder préstamos. Además, el BCE está en una posición más delicada que otras entidades centrales, porque no tiene un respaldo fiscal: si hay que refinanciar entidades, no es el BCE sino los distintos Gobiernos los que tienen que hacerlo.

¿Sería correcto decir que ha habido un fallo muy grave en la política de supervisión?

Sí. En esta crisis, todo el mundo es culpable y, hasta cierto punto, nadie lo es. Porque nadie pudo prever el colapso del mercado financiero de la forma tan repentina en la que ha sucedido. Pero nadie sale tampoco muy bien parado. La banca ha sido demasiado avariciosa y ha invertido dinero demasiado rápido y sin entender en algunos casos los riesgos que estaba asumiendo; los reguladores tampoco evitaron que la banca asumiera estos riesgos; las firmas de inversión también lograron obtener sus calificaciones de crédito sin suministrar información suficiente. Ni la banca, ni tampoco los pequeños inversores solicitaron más información; podrían haberlo hecho, pero prefirieron deleitarse con lo que estaban recibiendo sin pensar en nada más.

¿Hay algún culpable concreto?

Bueno, la persona a la que todo el mundo culpa, y no sin razón, es Alan Greenspan presidente de la Reserva Federal entre 1987 y 2006. Greenspan puede ser considerado como un actor principal en la crisis y por dos razones: primero por mantener los tipos de interés demasiado bajos y durante demasiado tiempo y segundo, porque cuando tuvo la oportunidad de mejorar la legislación, particularmente el sector subprime, él no hizo nada. Greenspan rechazó hacer algo. Cuando se le propuso reforzar la supervisión, él dijo que no.

Pero todo el mundo financiero le siguió y no había necesidad...

Por supuesto. Greenspan es el culpable si se busca sólo un nombre. Pero todo el mundo tiene su parte de responsabilidad: ahorradores, bancos, agencias de inversión, reguladores...

¿Cuál diría que ha sido el principal fallo en la supervisión?

El asunto principal en la actividad regulatoria es que la supervisión ha fallado a la hora de evitar la crisis. Los supervisores no han hecho nada para restringir la expansión del crédito y el vertiginoso crecimiento del apalancamiento, así como el volumen de deuda de los bancos e instituciones financieras respecto a su capitalización bursátil.

¿Se volverán a cometer errores en el futuro?

Siempre avanzaremos cometiendo nuevos errores, porque eso es parte de la naturaleza humana. El hombre es capaz de estar lleno de codicia y también lleno de pánico. Cuando prima la avaricia, entonces se va cada vez más lejos y los precios terminan siendo insostenibles. Hay numerosos ejemplos de ello y desde tiempos remotos. Basta con recordar, por ejemplo, la famosa crisis holandesa de los tulipanes en el siglo XVII el furor por esta flor, entonces una rareza oriental, hizo que el precio de un bulbo de tulipán llegase a valer en Holanda hasta 20 veces el precio de una vivienda media. La de hoy no es ni mucho menos la primera crisis, ni será tampoco la última. Habiendo dicho esto, lo cierto es que la regulación financiera puede y debe ser mejorada y reforzada.

¿De qué manera?

Haciendo la regulación más anticíclica. No se hizo nada para detener la burbuja de toda clase de activos y si se aplica esa filosofía, las cosas no sólo no mejoran, sino que empeoran.

¿Qué hay que hacer para que la supervisión sea más anticíclica?

Hay que elevar los requerimientos de capital y de liquidez cuando los precios de los activos van hacia arriba y reducirlo cuando los precios están descendiendo. Por ejemplo, en el límite del porcentaje que los préstamos inmobiliarios representan sobre el precio total de la casa hipotecada. Pero en los peores años de la burbuja inmobiliaria, ese límite se aplicó de una manera extremadamente flexible y se otorgaban préstamos por el 100% de la vivienda. Eso nunca debería haberse permitido. Si la hipoteca vale más que tu propia casa, eso es una invitación a entregar las llaves al banco y marcharse. Creo que si queremos ser más efectivos para evitar esta clase de espirales en el ciclo crediticio y nuevas burbujas de activos, entonces tendríamos que evitar que los bancos internacionales lleven a cabo sus planes expansionistas cuando les apetece y de la forma que quieren.

Las dificultades de unificar el control

El cataclismo de los mercados financieros ha puesto negro sobre blanco la necesidad de armonizar, integrar y coordinar las políticas de supervisión financiera. La Comisión Europea está trabajando en la creación de un colegio de reguladores, dirigidos por la figura de un supervisor líder. Goodhart es un firme defensor de la unificación de las políticas económicas europeas, pero duda de que se llegue a alcanzar algún la unificación de los controles financieros.

'No funcionará y no lo hará por una simple razón: afrontar una crisis puede llegar a ser muy caro'. El profesor pone el ejemplo del rescate del banco Northern Rock, que costó cerca de 40.000 millones de euros. 'No hay un presupuesto centralizado a nivel europeo que permita la realización de planes de rescate. Si el dinero va a venir de los contribuyentes, entonces la solución tiene que darse a nivel nacional y no a nivel paneuropeo', explica el economista. Goodhart recuerda además las trabas legislativas: 'Las leyes difieren de un país a otro, las leyes de bancarrota no son iguales en España que Reino Unido (...). Mientras no se tenga competencia fiscal para afrontar el coste financiero de las crisis no se puede armonizar la regulación'.