Crisis 'subprime'

La SEC desvela polémicos correos electrónicos de las firmas de 'rating'

Esperemos que cuando se desmorone este castillo de naipes ya estemos jubilados y seamos ricos'. Esta frase es de un correo electrónico de un analista de una agencia de calificación de deuda enviado a un colega. El analista, que líneas antes afirmaba que estaban contribuyendo a crear un monstruo mayor, 'el mercado de CDO', se equivocó en un aspecto clave. El castillo cayó antes de lo que él imaginó el 15 de diciembre de 2006, fecha en la que escribió el correo.

Este correo se contiene en una nota a pie de página en un corto pero contundente informe que publicó el martes la SEC. El regulador de los mercados ha investigado durante más de 10 meses el papel de las agencias de calificación de deuda en la formación de la burbuja financiera inmobiliaria, y las conclusiones son muy negativas.

Conflictos de intereses, problemas con unos modelos de análisis insuficientes para productos tan complejos y falta de personal plagaron de problemas el trabajo de unas agencias que calificaron con buenas notas emisiones de alto riesgo apoyados en el mercado inmobiliario que empezaron a colapsar desde 2007. Todo ello se consintió para no perder el paso en un mercado muy lucrativo y creciente para unas influyentes firmas de cuya seriedad depende la decisión de muchos inversores.

Pero el resquebrajamiento de la seriedad, que comenzó en el momento que se concedía una hipoteca de alto riesgo, no se detuvo en estas firmas. El informe documenta que los analistas carecían de tiempo para revisar su trabajo con el detenimiento debido. 'No hemos tenido tiempo para discutir esto en detalle con el comité así que lo hemos desestimado. Necesitaremos revisarlo en el futuro', se explicaba en una nota de un analista. El informe de la SEC no especifica de cual de las tres agencias, Standard & Poor's, Moody's o Fitch, proceden las notas, pero se hace constar que los problemas era comunes.

Una de las pruebas documentales recoge el lamento de otra analista que explica que los modelos utilizados para calificar estos productos no eran suficientes para captar 'la mitad de los riesgos'. No obstante, reconoce que el producto 'podría haber sido estructurado por vacas y aún así nosotros todavía lo calificaríamos'.

Las firmas de rating no quisieron dejar pasar la posibilidad de hacerse con un porcentaje cada vez mayor de este mercado y desdibujaron la 'muralla china' que separa los intereses de la corporación del trabajo del trabajo presuntamente objetivo de sus analistas. En la colección de correos electrónicos del informe se lee uno de noviembre de 2004 en el que un analista escribía que no estaba seguro si 'sufriremos algunas pérdidas por nuestras decisiones y cuánto'. Los emisores de estos productos pagan una comisión a la agencia que los califican.

A todo esto se suman declaraciones de otro analista, mantenido en el anonimato por la SEC, que narraba que los problemas de plantilla 'hacen difícil justificar nuestras comisiones'. 'Hay fuertes tensiones, demasiado trabajo, falta gente, hay presión desde la empresa y mucha rotación de personal'. Algunas documentos especifican que los analistas trabajaban más de 60 horas semanales y muchos, quemados por el ritmo, presentaban su dimisión.