COLUMNA

El PSOE también elude la crisis en su congreso

Estamos inmersos en una crisis económica mucho más profunda de lo inicialmente pronosticado. La preocupación llega a las familias y empresas, que reflejan su pesimismo en cuantas encuestas les ponen por delante. La economía y el empleo ya son los principales problemas de los españoles, según el último barómetro del CIS y según el estado de ánimo que cada uno de nosotros detecta en su entorno. Quiere esto decir que la política económica y las medidas contra la crisis deberían ser la prioridad de un Gobierno que hasta ahora ha negado su intensidad y ha minimizado su repercusión en la sociedad española. El Gobierno de Zapatero ha comenzado con el pie cambiado esta legislatura, y parece que le cuesta volver a encontrar el sitio.

La negación de la crisis conlleva una peligrosa inactividad. Las medidas se han limitado a iniciativas fiscales y presupuestarias de escasa entidad y casi nula repercusión. Por eso, todos estábamos pendientes de lo que pudiera aprobarse en el 37o Congreso de los socialistas. Desgraciadamente, nada nuevo bajo el sol: el PSOE también elude la crisis. Zapatero ha revalidado su evidente liderazgo, se refuerza el poder de Blanco y se da entrada a Pajín. Nada que añadir.

En el debate de ideas, los socialistas han destacado cuestiones consecuentes con su ideario tradicional: el aborto, el voto de los inmigrantes -la más novedosa e interesante de sus propuestas-, la política lingüística, la laicidad o la eutanasia. Hasta aquí lo normal. Puede a que muchos no les agraden estas cuestiones pero no cabe duda que son coherentes con la línea ideológica del Partido Socialista.

El Partido Popular tampoco puede quedarse en el simple discurso de la crítica, por oportuna que pueda resultar

Quizás la que más sorprenda sea la iniciativa del voto de los inmigrantes realizada poco después de apoyar la abusiva Ley Europea del Retorno que impulsó Berlusconi. Afortunada sea la rectificación y ojalá se implante pronto, y con las debidas cautelas, el voto municipal de quienes viven y trabajan entre nosotros. Con este ideario el PSOE refuerza su imaginario izquierdista. Estamos ante un congreso donde se han priorizado los componentes ideológicos frente a las iniciativas de gestión. Los socialistas aparecen felices en las fotos, sin haber realizado la menor autocrítica ante su incapacidad de gestionar la crisis económica, el principal pecado de su mandato.

Los discursos económicos se han reducido a expresar la confianza en nuestra sociedad, a renovar la fe en las medidas socialdemócratas -sin especificar cuáles- y en garantizar el mantenimiento del gasto social, sea cual fuere el devenir de nuestra economía. No han ido más allá. Quizás temieran que el feo monstruo de la crisis pudiera estropear el colorido de la fiesta de la modernidad y progresía con la que esperaban agradar a sus fieles.

Se equivoca el PSOE si piensa que la sociedad les va a perdonar la apatía con la que están abordando nuestra delicada situación económica. Cientos de miles de españoles van a engrosar las listas del paro y de la morosidad, sin que parezca que esa realidad sea digna de ser abordada siquiera en el congreso del principal partido político de España.

Cosas veremos es estos próximos meses. El Gobierno tendrá -lo quiera o no- que adoptar medidas de enjundia antes de que finalice el presente ejercicio. Debería irlas preparando ya, y anticipando sus líneas de trabajo para que la sociedad retome confianza en su Gobierno. No ha sido así en este congreso de fotos, abrazos y progresía. Una espléndida ocasión perdida de compaginar legítimas medidas sociales y socialistas con nuevas ideas para afrontar una crisis galopante.

Parece increíble, pero termina resultando cierto. Cuando un presidente lleva un tiempo en el poder y está en su plenitud se niega a aceptar las realidades que no le agradan. Le ocurrió a González, a Aznar y ahora afecta a Zapatero. ¿Qué la crisis estropea su mandato? Pues se niega y a otra cosa, mariposa. Mal le irá con esa doctrina sumergida que emana de sus actos.

El Partido Popular tampoco puede quedarse en el simple discurso de la crítica, por oportuna que pueda resultar. Debe ir articulando un discurso de medidas que proporcionen seguridad e ilusión a una sociedad que lo va a pasar mal. Las próximas elecciones generales las ganará el partido que inspire mayor confianza en su capacidad de gestión económica.