La flexibilidad de la jornada es la clave
Cambio de modelo laboral. La posibilidad de extender la jornada laboral hasta 60 horas semanales, recogida en el proyecto de reforma de la Directiva de Tiempo de Trabajo, divide a Europa. Invocada por unos como necesaria para garantizar la competitividad, para otros la norma no hace sino fomentar el dumping social
Si la UE quiere convertir en éxito su estrategia de crecimiento y empleo debe dar prioridad a la creación de nuevos puestos de trabajo y a la integración de más personas en el mercado laboral. El acuerdo de revisar la Directiva sobre Jornada Laboral alcanzado es un paso importante en la buena dirección. La presidencia eslovena de la Unión consiguió poner fin al punto muerto en el que se había atascado durante años esta directiva.
En líneas generales, la revisión se centra en tres aspectos: la definición del tiempo de disponibilidad, la exclusión voluntaria del límite de 48 horas de trabajo a la semana y el periodo de referencia sobre el que se calcula el límite de 48 horas de la jornada de trabajo semanal.
Se puede decir que el principal asunto discutido es la cláusula de exclusión voluntaria. El Consejo de Empleo de la UE permite a los países miembros seguir aprovechando la posibilidad de la exclusión voluntaria. Esto supone permitir a los individuos no tener que aceptar el límite de 48 horas en la jornada semanal media. Sin embargo, las nuevas condiciones impuestas podrían dificultar su uso en la práctica.
'La pelota está ahora en la cancha del Parlamento Europeo; es de esperar un apoyo mayoritario'
En nombre de las empresas europeas, BusinessEurope siempre ha animado al Consejo a mantener la cláusula de exclusión voluntaria. Cada vez más, las empresas tienen que poder ofrecer una jornada laboral adaptada a la naturaleza de la actividad, el ciclo de producción y las demandas de los clientes, así como las propias necesidades de los trabajadores, los cuales varían enormemente. Debe por lo tanto permitirse que la jornada laboral fluctúe. Un sistema que reduce la flexibilidad supondrá un obstáculo para la generación de riqueza y, en última instancia, para el mantenimiento y la creación de puestos de trabajo.
Es importante tener en cuenta que el límite semanal de 48 horas impuesto por la directiva sobre jornada laboral es el límite legal absoluto, incluidas las horas extra. No se refiere a la jornada laboral normal para los trabajadores a tiempo completo, la cual, de acuerdo con Eurostat, alcanzó en 2007 una media de 41,8 horas en la UE. Si la directiva hubiera impuesto una mayor restricción de la flexibilidad, habría creado grandes dificultades para las empresas, en especial las pequeñas y medianas.
Claramente, ningún trabajador debería verse obligado a trabajar de media más de 48 horas semanales. La directiva sobre jornada laboral contiene varias disposiciones para prevenir el abuso. Pero también es importante que un trabajador tenga derecho a trabajar más de 48 horas a la semana si lo desea. La libertad de elección de los trabajadores no debería verse limitada por una legislación excesivamente estricta de la UE.
Las empresas no son las únicas que piden que se introduzca más flexibilidad en la jornada laboral. Una encuesta realizada en 2006 por Financial Times y Harris mostraba que una clara mayoría de los trabajadores quería mayor libertad para trabajar más horas. Aproximadamente el 65% de los alemanes y el 52% de los franceses y británicos declaraban que se oponían a los controles estatales de la jornada laboral.
El segundo paso adelante es la decisión tomada por el Consejo de no considerar la parte inactiva del tiempo de disponibilidad como tiempo de trabajo. La directiva original sólo define el 'tiempo de trabajo' y el 'tiempo de descanso'. Esto ha llevado al Tribunal de Justicia Europeo (TJE) a concluir que, si se les exige permanecer en el lugar de trabajo, el tiempo pasado de guardia, por ejemplo por los médicos, debe contarse como tiempo de trabajo.
Considerar los periodos inactivos del servicio de disponibilidad como tiempo trabajado plantea graves problemas para muchos sectores. La necesidad de contratar a miles de trabajadores adicionales supone significativos costes, mientras que a menudo se da una escasez de candidatos adecuados. Al estipular que la parte inactiva del tiempo de disponibilidad no constituye tiempo de trabajo, la decisión del Consejo es crucial para resolver los acuciantes problemas creados por la jurisprudencia.
El Consejo permite a los países miembros establecer por ley o convenio colectivo un periodo de referencia de hasta 12 meses. Habríamos preferido como norma general un periodo de referencia de 12 meses. Esto reflejaría mejor la tendencia a la anualización de la jornada laboral, permitiría a las empresas afrontar la fluctuación de la demanda y encajaría con el objetivo de la UE de mejorar el control redactando normas sencillas y fáciles de comprender.
En resumen, el Consejo ha avanzando un buen trecho en la solución de cuestiones planteadas desde hacía mucho y a la vez ha conservado la flexibilidad de la jornada laboral. La pelota está ahora en la cancha del Parlamento Europeo. Es de esperar que una gran mayoría de parlamentarios aproveche la oportunidad para apoyar los intereses de Europa a largo plazo: crecimiento, puestos de trabajo y prosperidad.