ANÁLISIS

Más crisis con menos soluciones

Las soluciones económicas clásicas que se han abierto camino siempre para solventar situaciones críticas palidecen ante la metástasis que atenaza al sistema financiero mundial y amenaza con un colapso global. Tras un año de crisis financiera, sólo sabemos que estamos más cerca de la solución, pero desconocemos cuándo llegará. Los entendidos dan por hecho que sólo se solventará con la purga clásica de los excesos, en la que cada cuál pagará su parte. Lo que sí cambiará en el modelo capitalista será la supervisión, si el credo liberal lo permite, para evitar nuevas réplicas.

Pero el caso español es diferente. Aquí, la borrachera de consumo e inversión ha sido más generosa que fuera, y ahora la resaca será más larga y dolorosa. Ningún país del mundo ha vivido tan por encima de sus posibilidades como España, que precisaba de 100.000 millones de euros anuales del exterior para satisfacer su crecimiento, y a los que ahora la sequedad financiera pone un elevado precio.

Teóricamente, la economía española está mejor preparada que hace 15 años para afrontar una crisis. Por el tamaño de su producción, por la estabilidad financiera del sector público que da la posibilidad de tirar del gasto o por la supuesta calidad del capital humano. Pero todo esto no deja de ser un asidero teórico, y no debe ocultar que hoy los responsables de la economía tienen menos herramientas para superar esta situación.

Veamos. No disponen de política cambiaria, esa que corregía castizamente la tendencia enfermiza a generar inflación y a devorar la capacidad competitiva de la economía. No disponen de política monetaria, esa que ahora ejecutan unos tipos serios en Fráncfort, que durante años han animado a las economías familiares a endeudarse y que ahora amenazan con estrangularlas. No disponen de política energética solvente, esa que permitiría reducir sin riesgo la dependencia de unos costes que determina un sindicato de productores en el desierto en cohabitación con los especuladores de los fondos de cobertura.

Y no disponen, como disponían en 1994, de la posibilidad de rebajar el despido a las empresas con la venia sindical. Como no disponen del oxígeno que insufló una bajada de los tipos de interés nominales desde el 15% al 3%; como no disponen, ni dispondrán nunca ya, de barriles de petróleo a diez dólares.

El euro proporcionó un parnaso de inversión y de estabilidad. Ahora se exige un desacostumbrado rigor en las soluciones.

José Antonio Vega. Subdirector de Cinco Dias