ANÁLISIS

El malo de la película americana

Hipoteca Maliciosa se denomina la operación emprendida por el FBI sobre fraude en el mercado hipotecario, operación que ha supuesto ya la detención de varios centenares de personas, la mayor parte agentes de relativamente poca monta en el mercado: tasadores, prestamistas, agentes inmobiliarios, brókeres hipotecarios y demás intermediarios que han medrado al calor de la burbuja. También han sido detenidos dos gestores de hedge funds de Bear Stearns. Ya se sabe cómo es el cine americano: el guapo es el bueno y los malos son muy malos. La sensación de dejà vu es inevitable: hasta la propia prueba apunta a los primeros 90; los acusados de Bear Stearns se jactan por correo electrónico de convencer a inversores de meter dinero en un fondo que saben quebrado.

Igual que los operadores de Enron que manipulaban el precio de la luz en California o los analista de Wall Street que emitían a sabiendas recomendaciones engañosas. Habrá un juicio con amplia cobertura mediática, pero el problema seguirá estando ahí. Porque, por muy maliciosas que sean las hipotecas y muy malos que sean los malos, no se ataja la cuestión principal. Los ejecutivos de la banca de inversión seguirán teniendo todos los incentivos para obtener resultados a cualquier precio.

Saltarse las normas para buscar beneficios a corto plazo es un juego win-win, como se dice en la banca, siempre se gana. Si se saca dinero, se cobra un jugosísimo bonus; si se mete la pata uno regresa a casa con un despido millonario y una carta de recomendación, pues ninguna entidad del mercado reconocerá que sus empleados se valen de malas prácticas. La búsqueda del beneficio a largo plazo de la empresa o el cumplimiento de unos mínimos principios de moralidad son aspectos que quedan al albur de la ética individual, dentro de un mundo empresarial donde los incentivos van en sentido contrario, hacia la maximización del beneficio en periodos cortos, de un trimestre como mucho.

Ojalá el ejemplo sirviese sólo para la banca de inversión de Wall Street. æpermil;sta se retrata porque mueve más dinero y, en consecuencia, el viciado sistema de incentivos es aún más sugestivo y sus efectos más escandalosos, pero no es muy distinto en otros ámbitos empresariales -sobre todo los cotizados en Bolsa- y además se traslada hacia abajo en la cadena de valor, forzando los procesos de toma de decisiones con resultados que, de un año a esta parte, a la vista están.