Automoción

El boom del motor pasa a ser miedo a la deslocalización

España lucha por continuar como séptimo productor mundial

Atrás quedaron las imágenes de un joven rey Juan Carlos inaugurando plantas de automoción del amigo americano como imagen de una incipiente industria. España ya es una potencia consolidada en la cambiante y sinuosa industria del automóvil. Sin embargo, el tejido industrial formado alrededor de la automoción vive momentos de intranquilidad que han llevado al sector a moverse con celeridad, demandando rápidos cambios a sus plantillas, al Gobierno y a sus procesos productivos.

Las fábricas tienen motivos para temer los efectos de la deslocalización. La inversión en plantas de ensamblaje es extranjera, con los centros de decisión a veces con océanos de por medio. A finales de los setenta, España se benefició de sus efectos en una época de apertura política y económica y bajos salarios, lo que permitió un crecimiento vertiginoso.

En 1970, la producción ascendía a unas 540.000 unidades, por debajo de Alemania (3,8 millones), Francia (2,5 millones) o Reino Unido e Italia (2,1 y 1,8 millones, respectivamente). La planta de Ford, abierta en 1976, permitió sobrepasar el millón de vehículos. La entrada de GM, en 1982, haría que se superase a Reino Unido en 1984 y a Italia en 1991. España es hoy el séptimo productor mundial y el tercero en Europa, con 2,89 millones de unidades fabricadas, el 4,04% más que en 2006. Pero de la misma forma que una vez la marea de las inversiones bañó la economía española, otro golpe de mar puede llevárselas a otra localización más interesante.

La batalla de los salarios está definitivamente perdida. Por ello, la patronal de los fabricantes instalados en España, Anfac, no se cansa de repetir que las recetas pasan por ser cada vez más productivos, contar con paz social, la supresión de la autorización administrativa en los ERE, frenar el absentismo laboral, incentivar la I+D, mejorar la cualificación de las plantillas y contar con mejor logística para mejorar el transporte de mercancías.

España, eso sí, cuenta con numerosas fortalezas que le han permitido conservar la producción de modelos que podrían haberse trasladado a países de bajo coste. Por ahora, los efectos de la temida deslocalización se han visto en la reconversión de la fábrica de Renault VI en Villaverde, además del cierre de al menos 16 plantas del sector auxiliar en poco más de un año. El sector lucha por que éstas sean llamadas de atención y no el principio de algo peor.

Regulación. El decreto que cambió la industria

En 1972, Ford se fijó en España como posible emplazamiento para su nueva planta europea, que se dedicaría a fabricar el Fiesta y cuya producción dedicaría a la exportación. Esta idea llevó al ministro de Industria, José María López de Letona, a modificar la legislación para abrir las puertas a las multinacionales, que se podrían establecer siempre que exportasen tres cuartas partes de la producción.

Almussafes abriría sus puertas en 1976. El llamado decreto Ford atrajo en 1979 a GM, que inauguraría su planta zaragozana en 1982.