Nicolás Redondo

'La política salarial actual no me parece muy adecuada'

Redondo cree que los sindicatos deben defender con ahínco el Estado del bienestar

Nicolás Redondo recuerda cómo fueron aquellos primeros años de la transición y repasa algunos de los momentos más duros de su largo periodo como secretario general de la Unión General de Trabajadores (UGT). Entre ellos, la búsqueda de la independencia, tanto orgánica como de acción, del PSOE. Por último, considera que los sindicatos actualmente deberían ser más combativos.

¿Cómo era España hace 30 años?

Cargada de incógnitas y sobre todo de improvisación. Se consiguieron muchas libertades y derechos sindicales como el de negociación, de organización o de huelga con Adolfo Suárez. Era una situación delicada, pero al mismo tiempo algo que no tiene parangón hoy, y es que era un pueblo ilusionado con las libertades y unos partidos políticos dispuestos a apartar su propio ideario con el fin de llegar a un acuerdo. Y unos sindicatos con un sentido de la responsabilidad que también eran partidarios de consolidar la democracia.

Los sindicatos deben ser siempre un contrapoder al margen del color del Gobierno de turno'

Y en 1982, ganó el PSOE...

Hubo una cierta embriaguez en el partido ante aquel resultado, pero al principio conseguimos bastantes acuerdos, como la jornada de 40 horas semanales o los 30 días de vacaciones, aunque luego hubo una cierta renuencia desde el PSOE para aplicarlos. Luego vino la reconversión industrial y eso nos llevó a algunos desencuentros, aunque llegamos a acuerdos. Y posteriormente otras diferencias, ya no sólo entre el PSOE y la UGT, sino con el movimiento sindical en su conjunto.

Personalmente, ¿qué supuso la ruptura entre el sindicato y el partido?

El enfrentamiento por la huelga del 14-D fue un profundo desgarro, porque los miembros de la ejecutiva del sindicato éramos miembros del PSOE. Pero no se trataba del color del Gobierno, sino de sus obras. En el partido también se vivió como un drama esa ruptura, y no debía haber sido así, pues en Europa había muchos sindicatos que han hecho huelgas a Gobiernos socialistas. Se quiso hacer creer que las diferencias entre UGT y el PSOE se debían a conflictos personales entre Felipe y yo. Se decía que yo tenía una cierta patología; se dijeron cosas como que era una frustración mía por no haber salido secretario general del PSOE en Suresnes o porque el Gobierno no quiso poner hombres de mi confianza como ministros de Trabajo.

¿Cómo calificaría a Felipe González en su papel de presidente de Gobierno?

Yo tengo mis dudas. Tuvo tres huelgas generales, porque las diferencias no eran por problemas de ritmo, sino por orientaciones con las que el sindicato no podía estar de acuerdo. æpermil;l ha reconocido que no aplicó una política de izquierdas. Tenía razones de Estado, pero hubo políticas socialmente regresivas. Ahora bien, también quiero decir que no se debe quitar el mérito de los logros que obtuvo el Gobierno socialista en otros campos.

¿Cree que la actual UGT está rompiendo la autonomía sindical respecto al PSOE?

No es tan así, y no se puede decir que se ha roto la autonomía. Aunque es verdad que la situación no es de enfrentamiento y entonces la autonomía queda desdibujada. Siempre he creído que el sindicato debe estar institucionalizado, pero a la vez ser un contrapoder al margen del color del Gobierno. No antisistema, sino contrapoder. Los sindicatos ahora deben conseguir conquistas a nivel europeo, como un freno a esta inmisericorde globalización.

¿Tiene la sensación de que los sindicatos están perdiendo esa labor de contrapoder?

Creo que sí. Los sindicatos deben hacer un esfuerzo mayor del que se está haciendo, pues en Europa el derecho del bienestar se está achatando y hay un predominio de la derecha. Se ha producido una deformación con la llamada tercera vía que ha afectado a muchos partidos socialistas y, aunque no quiero ser muy crítico, hay un distanciamiento de la izquierda con sus bases. Y es que los dirigentes son una especie de clase corporativa. ¿Comprende?

¿Cómo ve la actuación de los sindicatos en España?

La política salarial que se está manteniendo no me parece muy adecuada. Mucha gente no está amparada por convenio ni por ley. Qué es eso de que la gente tenga que esperar a diciembre para recuperar su poder adquisitivo, especialmente cuando ha habido años con beneficios empresariales tremendos. Yo siempre he deseado que las empresas ganen dinero, pero las rentas del trabajo han ido decayendo.

¿Piensa que los sindicatos deben ser más combativos?

Le reconozco un mérito a Zapatero, porque ha mantenido una mayor relación con los sindicatos y ha tomado medidas, incluidos derechos cívicos, muy importantes. Pero a este Gobierno todavía le falta la prueba del nueve, que es convertirse en un verdadero gobierno socialdemócrata. Hay que hacer bueno eso que aquellos chavales le pidieron a Zapatero: 'No nos falles'. Hay que seguir y creo que los sindicatos pueden ser más exigentes de manera prudente. ¿A cuánto está ahora el salario mínimo? Ha pasado este año de 570 a 600 euros. Se ha subido 30 euros.

En cuatro años ha aumentado 150 euros.

Y yo lo reconozco. Pero en Irlanda es de 1.400 euros. Estoy de acuerdo que es meritorio que se vaya subiendo y que llegue a 800 euros en esta legislatura. Pero la diferencia con Europa es tremenda, y parece que estamos nadando en el cuerno de la abundancia. Y no es así. A eso me refiero.

Pues haga oír su voz en el sindicato...

No, no. Sigo afiliado al PSOE y al sindicato, pero desligado de cualquier compromiso. Cuando mi voz pesaba algo, mire como terminé, pues mucha gente pensó que tenía un poder omnímodo. Creo que hay que hacer, de forma ahormada, un análisis de los 13 años de Gobiernos socialistas con sus aciertos y sus errores, que de los dos hubo.