Lealtad, 1

¿Y qué hacemos con 850.000 casas?

Según un informe de Merrill Lynch publicado ayer, las existencias de casas por vender en España después de la burbuja de los últimos años suman 850.000 casas. Este stock tardará tres años en ser absorbido, según Merrill. En números de brocha gorda, el exceso de viviendas implica que al ritmo de venta del mes de marzo, 45.000 al mes, el stock tardaría 19 meses en colocarse, suponiendo que no saliese al mercado ni una sola vivienda nueva.

Sin embargo, Merrill, como casi todos los analistas, no pronostica una fuerte corrección de los precios, sino prevé que caerán alrededor el 5% durante el próximo año y medio y después se mantendrá plano. Quizá Merrill conozca bien la psicología inmobiliaria española, pues el vendedor se sigue resistiendo como un gato panza arriba a bajar los precios, por más que las señales de que el crac inmobiliario era la salida obvia después de la burbuja sean más que evidentes. En todo caso, la pregunta sigue en el aire, ¿qué hacemos con 850.000 casas? Porque, hasta el primer trimestre de 2007, la solución era sencilla; las casas se vendían aunque fuese para cerrarlas a cal y canto, es decir, se acumulaban aunque no sirviesen para nada. Pero eso ya no funciona. Quizá las personas que acumularon casas puedan retrasar unos cuantos años la venta, pero los promotores no se pueden permitir ese lujo. Merrill calcula que la mitad de las 60.000 promotoras que hay en España -muchas de ellas sociedades unipersonales- cerrarán durante esta crisis. Los bancos, probablemente, tendrán que o bien apoyar a estas sociedades o quedarse con edificios, hechos o a medio hacer.

En este sentido, un mercado más desarrollado, con más actores -bancos, agencias- debería ser en teoría más flexible, es decir, permitir una bajada de los precios más rápida y una absorción más eficiente del stock por vender. Todavía es pronto para sacar conclusiones, pero los primeros estertores de la crisis no indican eso. Habrá que aguardar a septiembre.