Mercados

Así fue el cóctel informal de Warren Buffett

Plácido Arango acogió un cóctel con empresarios donde el hombre más rico hizo gala de su implacable lógica

Ser el millonario más millonario sobre la Tierra y jactarse de vivir en la misma casa que adquirió hace medio siglo dice dos cosas de alguien. Primero, no es un rico al uso. Segundo, no le gusta andar de acá para allá. Warren Buffett reconoció en su minigira europea que debería cruzar el charco más a menudo, pero precisamente lo poco que se prodiga lejos de su Omaha convirtió su visita a Europa en un acontecimiento. Compartir cena tiene, pues, doble valor para la treintena corta de empresarios que pudo hacerlo.

Plácido Arango, hijo, presidente de Vips y sucesor del fundador del grupo, hizo de anfitrión -gracias a su relación con el presidente de Starbucks-, después de que Buffett departiese con el Rey y torease a entre 100 periodistas y reporteros gráficos en el Hotel Palace. Asistieron Juan Roig, presidente de Mercadona; Rafael del Pino, presidente de Ferrovial; Tomás Pascual, presidente del grupo Leche Pascual; Helena Revoredo, presidenta de Prosegur; Jesús Salazar, presidente de Sos Cuétara; Fernando Casado, director del Instituto de Empresa Familiar; el empresario portugués Américo Amorim; Leopoldo Rodés, del grupo publicitario Havas; Mariano Puig, presidente de la Fundación Puig, y José María Entrecanales, presidente de Acciona y de Endesa, entre otros. Estaban en la lista, pero no pudieron acudir Esther Koplowitz, principal accionista de FCC o Juan Miguel Villar Mir, de OHL.

No fue cena formal, sino un cóctel -esto es, todo el mundo de pie- en la casa particular de Arango en el Noreste de Madrid. Empezó alrededor de las 21.15 horas. Aunque, como era de esperar y según uno de los asistentes, el evento apenas tardó tres cuartos de hora -con Warren Buffett no es difícil romper el hielo- en convertirse en un ilustre turno de preguntas. Aunque ayer en algunos ámbitos financieros se bromeaba al respecto -'no tengo dinero para cenar con Buffett', comentaba un gestor-, el cóctel fue gratuito, previa invitación de la familia Arango. Nada que ver con las cenas benéficas anuales que se subastan cada mes de junio. El año pasado Monish Pabrai, del fondo de inversión Pabrai Investment Fund, y Guy Spier, del hedge fund Aquamarine abonaron 650.000 dólares (414.000 euros) por compartir filete con él en el Smith & Wollensky Steakhouse de Nueva York. Y aunque la visita de Buffett a Europa estaba enfocada a establecer relaciones con empresarios con los que asociarse, el miércoles no se habló de operaciones.

Los 30 empresarios que, según un asistente, formaban corrillo alrededor de un Buffett sentado -tiene 77 años- le hicieron las preguntas que cualquier mortal haría: cómo convertirse en la mayor fortuna del planeta invirtiendo. Y las respuestas no variaron mucho de lo que Buffett había comentado horas antes a los periodistas. Que son, a su vez, las mismas que lleva dando un año tras otro en conferencias, en la multitudinaria junta de accionistas de su sociedad de cartera, Berkshire Hathaway, o en la carta anual a inversores. Y no dio tiempo a mucho más; el cóctel se acababa, según el programa, a las 23 horas, y a las 23 acabó.

Empresas bien gestionadas, con un negocio fácil de entender y perspectivas de beneficios. Nada de internet ni de complejas estructuras de crédito. Baste como ejemplo que una de sus inversiones más exitosas fue en Coca Cola, empresa de la que es primer accionista además de cliente destacado. Y Berkshire Hathaway dio su último dividendo en 1967: 10 céntimos de dólar.

Lo que más llamó la atención a los asistentes fue la naturalidad con la que se desenvuelve, 'una persona llana, nada prepotente'. Contó sus inicios, y la profunda influencia de su padre, Howard Buffett, un broker de Omaha, en su pasión por la economía, la inversión y los mercados. Dice Forbes que con 13 años -1943- Buffett hizo su primera declaración de la renta para deducirse los 35 dólares que se había gastado en adquirir una bicicleta.

Quizá cueste creer que uno se convierta en el más rico del mundo siendo una persona normal y campechana con un apabullante sentido común. Pero Buffett no invita a pensar en otra cosa.

El incómodo Pepito Grillo de los mercados

Coherencia. Hoy es fácil decir, como Buffett, que la crisis subprime es 'justicia poética' para un mundo financiero profundamente viciado. Pero él fue de los primeros en alertar de los riesgos de los derivados de crédito complejos. Su sentido común le salvó de la burbuja de internet, pues no entendía de eso. Denunció que la contabilidad de las stock options ocultaba retribuciones escandalosas, denunció los conflictos de interés en la banca, y señaló que eliminar el impuesto de sucesiones 'sería como formar el equipo olímpico de 2020 con los hijos de los medallistas de 2000'. Sobre el oro, dijo: 'Se extrae de la tierra en África, se funde, se vuelve a enterrar y luego se paga a gente para que lo vigile'.