Lealtad, 1

Las pérdidas virtuales

Ninguna de las milmillonarias depreciaciones efectuadas por la banca en los casi 10 meses de crisis crediticia ha supuesto movimiento de dinero. Han sido cambios de asiento contable, restas en el activo que se compensan con restas en la cuenta de resultados para ajustar la valoración de mercado de ciertas partidas, generalmente emisiones de deuda que han perdido su valor. Pero la caja sigue intacta.

La lectura es doble, y puede resultar contradictoria. Por un lado, el hecho de que los números rojos no vengan del negocio típico sino de un plan contable que, por primera vez en la historia, obliga a llevar a la cuenta de resultados las depreciaciones de los créditos, invita a pensar a que cuando se recobre la confianza el crédito se recompondrá más pronto que tarde. Al fin y al cabo, cuando pare la sangría en los mercados secundarios, las entidades podrán dar salida a la liquidez acumulada durante estos meses para hacer frente al temporal crediticio. Es lo que algunos expertos, desde el punto de vista macro, llaman 'el ave fénix': Cuando un mercado sufre una crisis de confianza y el dinero se abarata para combatirla, cuando se superan los miedos la recuperación es muy rápida.

Ahora bien, por otra parte la lógica de la valoración a precios de mercado tiene una segunda vertiente: Puede suponer un incentivo para que las entidades financieras tarden más de la cuenta en limpiar sus balances de activos deteriorados. Una vez que han sufrido en sus resultados el azote de la desvalorización, no venderán esos activos para que, cuando el mercado recupere el pulso y los precios suban, sea un tercero el que se pueda apuntar los beneficios.

Al contrario, una vez que han arreglado el problema de la solvencia, retendrán los activos. Al fin y al cabo, lo peor ya ha pasado, y no hay incentivo para desbrozar el grano de la paja. Así que, nuevamente, la incertidumbre es la única certidumbre que deja esta extraña crisis.