Lealtad, 1

¿Alguien puede con Brasil?

Hace ya bastante tiempo, cuando se encadenó la crisis tecnológica con el corralito argentino y otra serie de plagas bíblicas, las inversiones españolas en América Latina valían bastante poco; los analistas apenas las contabilizaban en sus famosas y mutables 'sumas de las partes'. Dice el latiguillo que sólo el necio confunde valor y precio pero, en Bolsa, el concepto de valor es difuso, y el precio sólo indica cosas a toro pasado.

A toro pasado se puede comprobar, por ejemplo, que si bien China lleva siendo desde hace varios años la gran esperanza de la economía y los mercados, en realidad desde los mínimos de 2002 el mercado de Shanghai ha subido alrededor del 150%, más o menos lo mismo que el Ibex 35, mientras el índice Bovespa brasileño ha avanzado un disparatado 700%. En términos anuales, supone un TAE del 125%. No está mal.

La semana pasada Brasil alcanzó, según S&P, el ansiado estatus de grado de inversión. Es decir, que el riesgo de impago de la deuda emitida por el Estado tiene es bajo, según el juicio de esta firma de análisis. La costumbre pone a Brasil -y a Rusia- en el saco de los emergentes, pero en ambos mercados -especialmente en el eslavo, por obra del Brent a 120 dólares- la deuda está por encima de la calificación de bono basura.

Petróleo caro, inflación, graves problemas financieros, consumidores endeudados y falta de pulso en el empleo son los problemas que atenazan a las economías de los países desarrollados. Grandes mercados emergentes como Brasil o Rusia se pueden beneficiar -en algunos casos- del alza de las materias primas, sus grandes compañías son máquinas de generar flujos de caja y se trata de economías en fuerte crecimiento. Los emergentes no son una alternativa a Bolsas tradicionales. Son su salvación. Y en el caso de la Bolsa española, la exposición a América Latina es hoy vista como uno de sus principales activos.