Lealtad, 1

Si lo peor ya ha pasado, lo malo no

La idea, más o menos aceptada por el mercado, es que en el último mes y medio el sistema financiero ha evitado el escenario catastrófico: la caída de una gran entidad y el colapso general. Es un primer paso. Pero de ahí a que se haya despejado el panorama de nubarrones hay todo un mundo. Y hay una cuestión fundamental: los efectos sobre la economía real. Ya se están viendo en Estados Unidos, donde el crecimiento del PIB en el primer trimestre sólo alcanzó el 0,6% gracias al tirón de los inventarios.

Credit Suisse explica que hay tres implicaciones sobre el mundo real. La crisis estadounidense afecta, según el banco, a los créditos al consumo e inmobiliarios, que suponen el 70% del total de la cartera. El proceso de recomposición del sector, es decir lo que tarden las entidades en volver a prestar dinero al ritmo al que lo hacían antes de la crisis puede ser más lento. Credit Suisse calcula tres años. Un aspecto importante, en este sentido, es que si normalmente los impagos de hipotecas son consecuencia del aumento del desempleo, esta vez son causa. Así, la crisis crediticia provoca una contracción crediticia y económica que, a su vez, genera más impagos tanto en créditos al consumo como en hipotecas. Es la temida segunda oleada de la crisis. No ayuda, obviamente, que el precio de la vivienda haya estado inflado por la propia burbuja crediticia... Con un mercado inmobiliario a la baja, las pérdidas provocadas en la banca cuando la gente no puede pagar la hipoteca son mayores, por la simple razón de que el activo -la casa- puede valer menos que la deuda.

El problema es la dependencia de un consumo que, a falta de una gran creación de empleo en la última etapa de bonanza, ha tirado de tarjeta de crédito. Y si se reduce el empleo y se cierra el grifo crediticio, la recuperación será lenta. Pero son dos condicionales; todo depende de lo que tarde el sector bancario en la recomponer el crédito