Lealtad, 1

¿De la economía? No tengo ni idea

Dice Warren Buffett que no tiene ni idea de hacia dónde va la economía. Y además no le interesa porque, afirma, ése no es su negocio. Son palabras que chocan, viniendo del que es el hombre más rico del planeta y, sobre todo, de alguien que se ha labrado el sobrenombre de El oráculo de Omaha.

Pero es lo que dijo en el transcurso de la junta de accionistas de Berkshire Hathaway, un evento que congregó el pasado sábado en Omaha a 31.000 personas, que se dice pronto.

No es el primer inversor que hace declaraciones de esta índole. Es, de hecho, una filosofía que comparten muchos gestores de fondos, los conocidos en el mundo anglosajón como stockpickers. Estos profesionales dedican la mayor parte de su tiempo a analizar compañías, a visitarlas, a conocer sus negocios, a sus proveedores y a sus competidores. Y si termina gustándoles y, además, encuentran que la Bolsa no refleja su valor, entonces la compran y esperan a que el precio y el valor de la empresa confluyan.

En este proceso, claro está, sí juega un papel la situación económica; las empresas forman parte del entramado de generación de riqueza. Pero para estos gestores, el que los tipos estén a uno u otro nivel o el que el PIB crezca más este año que el que viene no dejan de ser aspectos secundarios. Porque la suya es la búsqueda de ideas de inversión que en un momento dado pueden marcar la diferencia. Y por ello dedican su tiempo a encontrar empresas que, por desconocidas o porque han perdido el favor del mercado -muy gregario, habitualmente- no cotizan su valor verdadero. No es cosa de un día para otro, y si algo caracteriza a estos gestores es precisamente la paciencia y la visión a largo plazo.

En este nicho, como en todos, hay buenos y malos gestores. Buffett ha demostrado ser excepcional sin tener presentes las perspectivas macroeconómicas. Como él dice, 'si supiéramos a dónde va la economía, no haríamos otra cosa que invertir en derivados del S&P 500'.