ANÁLISIS

Cómo salir de la crisis: oferta o demanda

¿Cuál es la mejor fórmula para superar el bache en el que está la economía española? Hay apuestas para todos los gustos, aunque pocas de ellas reparan en la naturaleza de una crisis bien diferente a las pasadas. Nunca la economía española cometió tantos excesos tan concentrados en un sólo activo durante tanto tiempo. Las familias y las empresas tienen más de un billón de euros en pagos comprometidos por el acaparamiento de inmuebles, que resta capacidad de inversión hacia otros activos para varios años. La borrachera ha sido de tal calibre, que no lo tendrá menor la resaca, y la recuperación tiene que ser más lenta y más retardada que de costumbre. Pero a los excesos castizos hay que sumar la crisis financiera internacional que maniata y encarece la demanda de crédito para los próximos años, salvo milagro contable que despeje el horizonte.

La radiografía del mercado de trabajo del primer trimestre despeja algunas dudas, pero pone más pesimismo en el escenario. El ajuste ha sido muy fuerte en muy poco tiempo, con una corrección muy seria en la ocupación, una de las variables motores del crecimiento en los últimos años, con retroceso simular en la construcción y los servicios. Este detalle advierte de que la confianza de la población está bajo mínimos, y que es sobre ella sobre la que tienen que actuar los gestores de los asuntos públicos para volver al crecimiento potencial.

El paquete de medidas anunciado por el Gobierno toca únicamente las teclas de la demanda, con inyecciones de renta en las familias y en las empresas. El legado del viejo Keynes vuelve a susurrar en las mentes de los Gobiernos, que buscan soluciones rápidas con fórmulas que han demostrado paulatino agotamiento en las útimas décadas.

Las inyecciones de liquidez pueden ser absorbidas por la apatía de los agentes privados, o devueltas al mercado para sostener la presión sobre los precios cuando es menos conveniente.

La recomposición de las expectativas privadas, la recuperación de la confianza, la reconstrucción de un modelo de crecimiento basado en el conocimiento, la tecnología y las manufacturas exportables, sólo se consigue tocando las teclas de la oferta. Reformar todo mercado que tenga rigideces despertará la competencia donde esté aletargada, abaratará costes y precios, y terminará reanimando demanda. Así ha sido en las economías con mercados más abiertos que se han acercado al pleno empleo. Es más lento, pero más fiable.

José Antonio Vega. Subdirector de CincoDías