Lealtad, 1

Un debate estéril, además de falaz

Las obligadas dudas morales a las que obliga el hecho de que las autoridades hayan tenido que rescatar a los bancos de un lodazal en el que se metieron ellos solitos no quitan que el planteamiento de este debate a la luz de los rescates bancarios no sea más que una boutade de tertuliano. Es injusto, sí, que un sector financiero que, en conjunto, no ha guardado la prudencia debida se vea rescatado por el hermano mayor. Pero abrir la puerta a su colapso por este motivo tendría similar efecto que hacer volar por los aires una refinería de petróleo para salvar la riqueza natural del paraje donde se encuentra.

La situación actual es, como explica Credit Suisse, consecuencia de la obligación de valorar los activos que forman el balance de los bancos a precio de mercado. La pérdida de valor de determinados activos fuerza a las entidades con peor situación a venderlos. Esto, combinado con una demanda inexistente -nadie quiere activos que espera se acaben vendiendo a precio de saldo- acelera la espiral bajista en los precios, que deteriora aún más los balances y así sucesivamente. Es la lógica perversa de la valoración a precio de mercado.

En términos más a pie de calle, lo que sucede con la banca es lo que sucedería con el mercado inmobiliario si las familias estuviesen obligadas a vender su vivienda cuando el valor de mercado cayese por debajo del de tasación. Las propias expectativas de futuras familias con problemas secarían totalmente la demanda y tumbarían los precios.

Como explica Credit Suisse en un informe de estrategia de esta semana, 'es bastante posible crear una depresión a partir de un choque económico aparentemente menor'. No se trata de lavar los trapos sucios de quien no se lo merece, se trata simplemente de evitar que el sistema financiero caiga en un agujero negro. Después llegará el momento de ajustar cuentas y mirar si las reglas del juego valen.