COLUMNA

La percepción de inseguridad económica

La incertidumbre sobre la economía en EE UU incide más en la percepción de riesgo que en la situación actual de las familias, según la autora. En su opinión, sólo la aplicación efectiva de medidas transparentes, sencillas y comprobables, y la presentación de sus resultados, contribuirá a reducir esa inseguridad.

Parece que una de las cuestiones que deben estar dispuestos a responder los candidatos a la presidencia de Estados Unidos se refiere a cómo proporcionar remedios a la creciente percepción de inseguridad económica de la población. La crisis económica, que ya lleva varios meses afectando su economía, está centrándose en las familias cuya fragilidad económica y financiera es elevada. Así, varios economistas están apuntando a que mientras las autoridades financieras se encuentran dispuestas a evitar el colapso de instituciones, aparecen de forma muy marginal propuestas para aliviar los problemas de los ciudadanos.

La percepción de inseguridad económica se basa en gran medida en las continuas noticias acerca de las perspectivas económicas difundidas por estudios de organismos públicos y entidades privadas, que presentan un horizonte negativo para bastantes meses. Hay que señalar que las familias americanas han mejorado su situación económica en los últimos años, en un marco de aumento de la competencia y de riesgos laborales derivados de la globalización.

La incertidumbre actual incide más en la percepción de riesgo que la situación actual de las familias. No obstante, es cierto que la renta muestra una volatilidad creciente de forma tendencial y que en los últimos años el gasto de las familias americanas ha estado sustentado en la riqueza proporcionada por el aumento de los precios de los activos que ha llevado a un uso excesivo del crédito. Hay que señalar que algunos índices de expectativas económicas de la población indican que cuando las personas han tenido alguna mala experiencia de inseguridad económica o física tiende a proyectar expectativas negativas, como señalaron J. Dominitz y C. Manski en su estudio Perpections of Economic Insecurity: Evidence frome de Survey of Economic Expectations (NBER W5690). Sin embargo, en la presente situación la percepción negativa no se basa precisamente en las experiencias pasadas de las personas ya que el crecimiento económico ha sido elevado y prolongado.

La población en general, pero en especial la de renta media y baja, se ha hecho dependiente de muchos costes

También es cierto que la población en general, pero en especial la de renta media y baja, se ha hecho dependiente de muchos costes. En algunas cuestiones la situación norteamericana no es trasladable a las economías europeas, pero en otras sí. No es trasladable el hecho de que la cobertura de gastos sanitarios deban ser cubiertos de forma privada o de que la educación superior sea muy costosa. Las familias de clase media han utilizado parte de la mejora de su renta para dichos gastos, que se traducirían en mayores posibilidades económicas. Así, la inseguridad de la renta en el presente lleva a un empeoramiento de su seguridad en el futuro.

Sí es trasladable a Europa el hecho de que parte de la mejora económica de las familias en los últimos años se ha basado en la incorporación de la mujer al trabajo y en la suma de ingresos familiares. La consecuencia ha sido la incursión en el gasto del cuidado externo de los niños. Si la situación económica se deteriora como para no poder cubrir ese gasto, un resultado negativo sería el retroceso de la tasa de actividad de la mujer.

Por último, hay otros gastos fijos de las familias de renta baja, que no lo eran hace ni siquiera diez años, que son reflejo de la mejora del bienestar, como puede ser el uso del teléfono móvil o el ordenador. Estos bienes permiten la comunicación y la información y se han convertido en básicos para participar en la sociedad.

Las autoridades políticas parece que deben considerar cómo reducir la percepción de inseguridad económica. En estados Unidos están proponiéndose programas de mejora de la cobertura del desempleo o el seguro del salario, mediante el cual se cubrirían pérdidas de hasta el 50% de pérdidas en los salarios. También hay propuestas de mejora de lo que se denomina empleabilidad de las personas, su capacidad de ser empleado, con programas de formación en los periodos de empleo.

De todas formas, falta credibilidad en las autoridades económicas. Como señala Elisabeth Jacobs en su estudio sobre inseguridad económica (publicado en la Brookings Institution en septiembre de 2007), los políticos deben crear medidas que sean transparentes, sencillas y comprobables. Puede que sea necesario hacer un programa dirigido a mejorar la seguridad económica de las familias, pero lo que contribuirá a reducir la inseguridad será la aplicación efectiva de dichas medidas y la presentación de resultados.

Nieves García-Santos. Economista