Lealtad, 1

Y, ahora, subvenciones

Ramón María del Valle-Inclán, homenajeado ayer en Madrid en virtud de la celebración del día del teatro, estaría ciertamente orgulloso como creador del género o el estilo esperpéntico. Pues esperpéntico es el espectáculo que ofrecen ciertas asociaciones empresariales que abogan estos días por subvencionar el sector del ladrillo. Exprimida ya hasta el límite la capacidad adquisitiva -en lo que a vivienda se refiere- de gran parte de la población, toca que el precio de las casas se sostenga de forma indirecta, es decir con impuestos.

Ayer la patronal sevillana del sector pedía subvenciones a las hipotecas para recuperar el ritmo de ventas de inmuebles, y el mismo día una patronal de empresas de ingeniería pedía que se introdujesen desgravaciones -es decir, subvenciones- a la compra de la segunda vivienda. ¿Y por qué no a la compra de la tercera, cuarta o quinta?

El Gobierno en funciones puso un poco de cordura al señalar que descarta reactivar el sector inmobiliario con deducciones fiscales. Deducciones que servirían exclusivamente para cubrir de forma artificial el hueco entre la oferta y la demanda y sostener el precio, con el agravante de que seguirían complicando el acceso de los ciudadanos a un bien de primera necesidad. La deducción a la compra de vivienda se va, en un mercado de oferta muy poco elástica, al precio. Y si merece la pena desgravar algo, dice la teoría, es para incentivar la toma de ciertas decisiones susceptibles de beneficiar al conjunto de la sociedad.

Es preocupante, además de esperpéntico, pues, confiar el futuro económico a una tendencia eternamente alcista de los precios. En realidad, es justo al contrario. El sector sólo se puede reactivar desde una demanda que, a los precios actuales, está agotada, pero en ningún caso a niveles algo inferiores. Una caída de precios que limpie el stock de viviendas sin vender permitiría retomar antes el ritmo de construcción. No llegaría a los niveles de 2006, pero es preferible un escenario de recuperación de la actividad y caída de precios a otro de estancamiento de ambas variables a lo largo del tiempo cuya única ventaja apreciable sería la de garantizar las plusvalías de aquellos que compraron suelo caro a destiempo. ¿Hay algo más esperpéntico que subvencionar la especulación?