Lealtad, 1

Como en una película de indios

Otra vez el Séptimo de Caballería. Corneta en mano. Son ya demasiadas las veces en las que los mercados internacionales se han librado de las pérdidas en el último minuto. Cuando no son las autoridades, son analistas como los de Standard & Poor's o un rumor casi a cierre de mercado difundido por la CNBC. Al final, el resultado es que cuando peor pintaban las cosas, cuando el bueno estaba completamente rodeado y sin perspectivas de sobrevivir, llega el Séptimo de Caballería y salva la situación.

Lo sucedido ayer fue paradigmático. Entre los problemas de Carlyle -si el fondo de capital riesgo bandera deja quebrar sus filiales, qué esqueletos no habrá en armarios de menos enjundia-, los rumores sobre Bear Stearns -o hay algo feo de verdad o el mercado tiene una curiosa obsesión con esta entidad en concreto- y las palabras de Paulson -para decir esto a estas alturas, mejor quedarse callado-, la sesión apuntaba al desastre. El mercado había olvidado la intervención de la Reserva Federal del martes; ayer por la tarde daba la impresión de ser una noticia del año pasado. Tratar de calmar al mercado, hoy por hoy, es como tratar de parar un tsunami con una presa de troncos y barro. Sólo el tiempo dirá si la intervención, un paquete de rescate público de toda la vida camuflado de inyección de liquidez, fue acertada.

Ayer mandaba S&P, que considera que el final del túnel puede estar visible. La semana que viene se verá. Se antoja especialmente importante. Hay Reserva Federal y, sobre todo, publicación de los resultados trimestrales de algunos bancos de inversión.

Comentaba José Luis Cárpatos anteayer que el grado de pesimismo alcanzado por el mercado en las últimas sesiones es desconocido hasta por los más viejos del parqué, y que eso sólo tiene dos lecturas posibles: o se ha llegado a la capitulación final y todo lo que queda por ver es positivo o el mercado va a romper a la baja. Lo curioso del caso es que la sucesión de acontecimientos da la razón a este planteamiento, pero el mercado se niega a romper en un sentido u otro. Antes al contrario, cuando aparenta elegir uno de los caminos vira rápidamente hacia el contrario. Lo único sensato, en este contexto, es salir del mercado y esperar a ver por dónde sale el sol.