Lealtad, 1

Entre la marejada y el 'tsunami'

Que hay una crisis crediticia es indiscutible. Que hay una ralentización económica, también. Que en el mercado de crédito había exceso de endeudamiento y de aversión al riesgo, también. Que la economía de Estados Unidos vaya a entrar en recesión es algo más discutible. Y que de los polvos subprime se deriven una crisis financiera a gran escala es también algo que está sobre la mesa.

No todas las crisis son iguales. Al igual que la gripe, unas veces son más virulentas que otras. Los inviernos son más fríos de cuando en cuando y la sequía más pertinaz -valga el tópico- en algunas ocasiones y menos en otras. En el caso de las crisis crediticias, puede suceder que el mercado repare repentinamente en un exceso de apalancamiento en el sector empresarial o en el familiar, y que la huida de dinero convulsione los mercados durante un tiempo, cierre el grifo del crédito y deteriore la actividad económica. Pero, aun en ese entorno, puede que la crisis no degenere en una sucesión de quiebras empresariales.

También puede que sí. Pero los síntomas vistos de momento no indican nada en ninguno de los dos sentidos... Y ya han pasado varios meses. Credit Suisse apunta que el peor escenario sólo sería verosímil si los precios de las materias primas -tanto energéticas como alimentarias- prolongasen su tendencia al alza y las empresas utilizasen la tijera laboral más de lo esperado. En caso contrario, prevén una cierta mejoría del consumo alrededor del verano, sobre todo en Estados Unidos, aunque durante un tiempo la actividad económica se vería frenada.

El banco apunta, también, que la recompensa por apostar por este escenario es elevada. Que sus analistas consideran que la brutal subida de los diferenciales obedece más a una drástica reducción de la liquidez: simplemente se está revirtiendo el proceso de apalancamiento y apetito por el riesgo.

Ojalá sea así. De momento, es sólo una opinión, aunque razonada y procedente de un banco cuyos expertos no pasan por ser optimistas poco juiciosos. Cuando el mercado pinta muy mal o muy bien la gente suele olvidarse de lo más evidente. Y es cuando conviene acordarse de que ni el mayor experto sabe cómo acabará el partido antes de que termine.