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Crónica de Manhattan
Crónica
Texto informativo con interpretación

Aviso electoral a los socios

Hace unos días, en un discurso ante votantes en Youngstown, Barack Obama respondió a las críticas de Hillary Clinton, de que lo suyo es todo palabras y no acción, atacando a un villano popular. 'Ella dice que los discursos no llevan comida a la mesa. Bueno, ¿sabéis qué? el Nafta tampoco ha traído comida a la mesa de Youngstown', dijo en esta ciudad de Ohio. Con ello asociaba a la candidata con su marido, Bill Clinton, quien rubricó el tratado de libre comercio entre EE UU, Canadá y México en 1994.

A Ohio le toca votar en primarias el próximo día 4, junto con Texas, Rodhe Island y Vermont. Criticar el Nafta en este estado es fuente segura de simpatías porque sus ciudadanos creen que estos acuerdos comerciales y en general la globalización son la causa de sus problemas económicos. Que no son pocos.

Ohio ha perdido casi un cuarto de millón de empleos en el sector industrial en los últimos ocho años. Las familias de este estado, en el que General Motors era la primera empresa por empleados en 1996, han pasado de estar entre las primeras por ingresos a estar unos 4.000 dólares mensuales por debajo de la media (48.451 dólares), según cifras del censo. Su tasa de paro ha pasado del 3,5% a principio de década al 6% y se culpa a la deslocalización de empresas por esta situación. Ahora, Wal-Mart es el primer empleador.

En esta situación, criticar el Nafta es rentable y se ha convertido en un punto muy llamativo de la campaña. De hecho, ocupó muchos minutos del mano a mano que mantuvieron Clinton y Obama el pasado martes en la CNBC. Clinton terminó diciendo que ella se ha opuesto desde siempre a este acuerdo y que no lo hizo público en los noventa porque no le correspondía.

La senadora explicó que el Nafta ha hecho muchas cosas buenas por EE UU pero también ha complicado la vida a mucha gente, como en Ohio. Su compromiso, según se desprendió del debate, es que cuando sea presidenta negociará con Canadá y México para asegurarse de que se garantizan unos ciertos estándares laborales y medioambientales. Y si no, se romperá la baraja. 'Saldremos del Nafta si no lo renegociamos', dijo.

Tim Russert, el veterano periodista encargado de las preguntas quiso oírlo de nuevo. 'Si no hay cambios ¿usted estaría dispuesta a salirse del Nafta en seis meses?'. Clinton dio su imagen más presidencial para explicar que tenía la confianza de que 'como presidente cuando diga que nos iremos si no renegociamos, seremos capaces de renegociar'. Obama, se sumó y apuntó además la necesidad de crear nuevos tipos de trabajos en el estado. De nuevo los programas coinciden y la crítica de campaña se hace irrelevante. Ya coincidían sobre el papel de sus promesas, un papel en el que ninguno habla de salirse del Nafta.

Porque pese a este momento electoral, ninguno de los dos senadores ha dado hasta ahora señales de proteccionismo. Cierto es que tampoco han abrazado sin condiciones al libre mercado. Los dos se opusieron al Cafta pero han apoyado acuerdos, por ejemplo con Perú entre otros.

Los problemas de Ohio no tienen su origen en el Nafta, que redujo lo que ya eran unas tarifas muy bajas con México. Más daño les ha hecho la mala estrategia empresarial de GM y Ford o la entrada de China en la OMC. Pero en Ohio ya han singularizado al causante de que ellos sean los perdedores de la gran oportunidad y estamos en elecciones.

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