Lealtad, 1

Ciclos económicos de onda corta

En 1998 el mundo estuvo a punto de hundirse porque los algoritmos del hedge fund Long Term Capital Management no cuadraban con la realidad. Pero en pocos meses el mundo se recuperó de la crisis. Así, 1999 fue el año de la gran burbuja financiera, cuando todo valía y los analistas decían sin sonrojo que Telepizza se beneficiaría del papel de sus motoristas en un futuro dominado por el comercio electrónico. Eso duró hasta 2000, y tras año y medio de caídas estalló la crisis de Enron y, después, la de Worldcom y demás.

Los problemas se agravaron y en 2002 se temía un credit crunch. En 2003 empezó a subir la Bolsa, con la energía y las finanzas como pilares del mercado de valores y China -exportadora de bienes, de deflación y de capital y consumidora de materias primas- como fuerza motriz última. En 2007, cuando en EE UU aún no se había interrumpido la terapia de tipos bajos y déficit presupuestario, llegaron de nuevo los fantasmas. Y la palabra recesión aparece todos los días en prácticamente todos los comentarios económicos.

Dice el tópico que una semana es mucho tiempo en fútbol. También en la Bolsa, sobre todo en la actual, cuando en cuestión de minutos el mercado se da la vuelta. Pero, respecto a los ciclos económicos, 10 años no son tanto tiempo. O, al menos, no tanto como para vivir tres amenazas serias de recesión y dos burbujas financieras, de cariz bien distinto entre ellas.

Cuando alguien dice que los ciclos económicos han terminado, suele ser que hay una burbuja a punto de estallar. Los ciclos seguirán mientras el capitalismo de mercado rija la economía. Pero en la actualidad van deprisa, muy deprisa. Queda por ver lo que sucede ahora. Las expectativas son de una desaceleración notable. Está por saberse si durará poco, como prevén las autoridades. Es lo verosímil, a no ser que la crisis crediticia, que es una amenaza muy relevante para la economía, muestre su peor cara.