TRIBUNA

Rajoy y el síndrome de Hamlet

El PP se asemeja a veces al castillo de Elsinore: un ambiente de aparente ceremoniosidad, cortesía, ambigüedades y apariencias, junto a las pasiones, desconfianza, disimulo, intrigas y venganzas propias del teatro de la vida. Como en el drama de Shakespeare, parece teatro dentro del teatro.

Tanto en el mundo de las organizaciones como en el de la política, el comportamiento y estilo de liderazgo de Mariano Rajoy se enmarcan dentro de lo que denominamos síndrome de Hamlet. ¿Cuáles son sus características?

Mensajes de inseguridad, ambivalencia y duda. A pesar de su inteligencia, el líder no acierta a trabajar las fronteras entre pensar y actuar relacionadas con la capacidad de toma de decisiones, optimismo, seguridad y valentía para asumir riesgos. En su 'ser o no ser, ésta es la cuestión', Hamlet se debate entre '¿qué es más noble para el alma, soportar las flechas y pedradas de la áspera fortuna o armarse y luchar contra un mar de adversidades, hasta vencerlas y acabar con ellas?'.

Decisiones demoradas o tardías. 'Eterna espera'. Es un misterio por qué Hamlet demora tanto el acabar con Claudio, actual rey, casado con su madre y asesino de su padre. Excesiva necesidad de información adicional y análisis, hasta que los hechos obligan a decisiones a veces tardías y forzadas por las circunstancias, sin la impronta ni el sello del carácter del líder. En este aspecto Hamlet y Rajoy se comportan de forma parecida.

Liderazgo débil igual a equipo disperso. Cuando el liderazgo flaquea, surgen políticas y tácticas a niveles medios. Si el capitán de la nave vacila y no marca un rumbo claro, genera dispersiones y hasta motines en la tripulación. Como en el ajedrez, los peones se transforman en caballos, alfiles, torres y reinas.

Perfil desdibujado e influenciable. En vez de manejar y gestionar el líder los eventos, parece como si éstos le manejaran a él, quitándole espontaneidad, seguridad y aplomo. La sombra del padre de Hamlet deambula por las murallas de Elsinore, avisándole de que su futuro y trono peligran. Abrumado, Hamlet murmura: 'El tiempo está dislocado. ¡Oh maldito fastidio, haber nacido para arreglarlo!'. Así parece sentirse también Rajoy a veces.

Muchos amigos/enemigos. Ni a Hamlet ni a Rajoy les es fácil distinguir a unos de otros, pues los que parecen venir a ayudar también parecen querer su puesto, y a veces eliminan a quienes pueden remar con ellos. Así hace Hamlet con Polonio, escondido tras la cortina, a quien atraviesa con su espada, confundiéndole con Claudio. Y así quizás ha ido haciendo Rajoy con algunos colaboradores.

No usar el poder. Hamlet da vueltas y vueltas a toda la información y hechos. Juega con poca fortuna los triunfos y los descartes. Es rehén de muchos por demorar la acción y el uso del poder de que dispone. Todo desembocará en decisiones tardías que le destruyen a él, a sus amigos y enemigos y a la organización.

Gestión reactiva y deficiente de las crisis. La falta de pro actividad da lugar a la improvisación. Ante su mar de problemas, Hamlet afirma que, para afrontar las crisis, 'estar preparados lo es todo'. Aunque en su mente tiene clara la idea, aprende tarde la lección y la aplica mal. También a veces Rajoy parece debatirse en estas fronteras entre el pensamiento y la acción.

A la parálisis por el análisis. El eterno análisis, evaluando pros y contras, es una forma inconsciente de evitar la decisión, manteniendo la inmovilidad ante el miedo al fracaso y hasta el miedo al éxito. La persona se debate, pues, en el eterno dilema, refugiándose en la zona de aparente protección que le proporciona el análisis, donde se siente fuerte y segura.

Todo demasiado tarde. Hamlet acaba finalmente con Claudio, vengando a su padre, pero después de haber sido herido mortalmente con la espada que el rey usurpador había envenenado antes. En casi todas sus iniciativas, Rajoy parece ir tocado por algún dardo emponzoñado que hace temer por su carrera hacia el poder.

Ser o no ser, finalmente. El eterno dilema humano del liderazgo. Además de pensar hay que actuar. El síndrome de Hamlet se resume en el exceso de reflexión y escasez de acción, por lo que a veces se desaprovechan y se pierden grandes ocasiones y proyectos: en el teatro de la vida, en el de la política y en el de las organizaciones.

José Medina Presidente de Ray & Berndtson