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Mercadillos navideños en la vieja Europa

Perderse entre los puestos de los mercados con más encanto del Viejo Continente, una forma mágica de vivir la Navidad.

Mercadillos navidenos en la vieja Europa
Mercadillos navidenos en la vieja Europa

Algunos aparecen mencionados en fechas tan tempranas como el siglo XIII. Al principio se llamaban 'mercados de San Nicolás', por el santo obispo de Asia Menor, muy popular en la Edad Media como protector de niños y pobres; el mismo que -por derivas lingüísticas y mercantiles- acabaría convirtiéndose en Santa Claus o Papá Noel. Mucho más tarde cambiaron su apelación por la de Christkindlmarkt, o mercadillo del Niño Jesús, ya que su auge tuvo lugar sobre todo en los países germánicos.

En estos mercados se ofrecen árboles, ramos y adornos navideños, juguetes y regalos artesanos, pero también dulces típicos de la Navidad, que en muchas ciudades adquieren nombre y sabor propios. Además del Glühwein, vino o ponche caliente y especiado, que en algunas regiones se turna con una cerveza de Navidad negra, espesa y dulzona. Forman parte del ritual de estas fiestas en prácticamente cualquier ciudad, pero algunos de estos mercados europeos ejercen, por diferentes motivos, un especial atractivo.

Nuremberg, Alemania

Sin duda el mercadillo de la Marktplatz de Nuremberg es uno de los más célebres y vistosos de Alemania, país donde cada ciudad parece competir con el suyo. El telón de fondo es el propio Ayuntamiento gótico de Nuremberg, redibujados sus perfiles por ristras de bujías. Las casetas se escalonan entre su fachada y una fuente gótica que parece un abeto de piedra, del que cuelgan vírgenes y profetas, en vez de bolas o paquetes. En los tenderetes hay de todo: árboles, ramos y coronas, adornos navideños, figuras de belén, muñecos, cajas de música, regalos... Pero, sobre todo, dulces y comida; una golosina local, aderezada con especias, gengibre y nueces, el nürnberger Lebkuchen, es para Alemania algo así como el turrón para España: imprescindible. No faltan otras especialidades como Sprinten, Spekulatius, mazapán de Lübeck o Lebskuchenherzen (corazones de bizcocho glaseado, con frases de felicitación). Y por supuesto, el Glüwein para combatir el frío.

Viena, Austria

El de Viena es uno de los más antiguos; la primera mención del mercado navideño se remonta al año 1294. Con varios nombres, el mercado rodó de un lado para otro durante siglos, hasta que en el siglo XIX se estableció definitivamente en la plaza del Ayuntamiento (Rathaus) como Wiener Cristkindlmarkt principal, pero hay otros, repartidos por diversos barrios.

Los puestos con adornos, regalos y comida (y Glühwein, que no falte) se esparcen en torno a un gigantesco árbol de Navidad, bajo el cual se monta un belén de tradición católica, con figuras de tamaño natural. Juegos de luces y música envuelven los jardines que rodean al mercado y Ayuntamiento. La Volkshalle de éste último se convierte en Taller del Niño Jesús, donde los críos pueden confeccionar tarjetas y regalos artesanos.

Gotemburgo, Suecia

Es poco conocido aún, porque tiene apenas ocho años. Pero la segunda ciudad sueca puede presumir del mayor mercado navideño de Europa. En realidad se trata de un parque de atracciones, Liseberg, que solía estar cerrado durante el invierno, y que ahora abre también durante el período navideño. Es difícil catalogarlo, ¿parque navideño, feria? Calles enteras engalanadas y techadas con cinco millones de bombillas, cientos de árboles revestidos por bujías, docenas de locales transformados en tiendas navideñas, además de casetas, plazas caldeadas con hogueras, renos, pista de patinaje sobre hielo, un gran teatro y varios cines, un bar de hielo (paredes, mesas, sillas y vasos de hielo) y muchas otras atracciones. Todo amalgamado por un despliegue espectacular de luces de colores, antorchas y velas. En uno de los restaurantes (Sjömagasinet, +46 31 7755920) se puede disfrutar de un típico Julbord, bufete o smörgasbord navideño y pantagruélico, con decenas de exquisiteces que se van atacando en varias tandas o servicios, cada uno de al menos cinco platos. Y que se riega, no con vino, sino con una cerveza negra y dulzona, la Julöl (cerveza de Navidad) que se alterna con tragos de snaps (aguardiente).

Alsacia, Francia

Las tres ciudades principales de Alsacia, Estrasburgo, Colmar y Mulhouse, celebran sendos mercadillos llenos de magia. El Christkindlsmärik (así se dice en alsaciano) de Estrasburgo es el más antiguo de la región, ya que se celebra desde 1570, en los entornos de la catedral gótica. En Colmar, no hay uno sino varios mercadillos repartidos por evocadoras plazas; por ejemplo, en la plaza de los Dominicos, junto a la iglesia con vidrieras del siglo XIV; en la plaza de l'Ancienne Douane, en torno a la fuente Schwendi y dentro de la propia Koïfhus (Aduana); en la plaza Jeanne d'Arc; o en la Petite Venice, donde se encuentra el mercadillo de los niños, con atracciones y actividades dirigidas expresamente a ellos. Algo muy particular de Alsacia son los belenes que se montan en los pintorescos pueblos de montaña, y sobre todo los belenes vivientes, una tradición que cobra fuerza cada año, y que añade a las escenas bíblicas personajes profanos que practican antiguos oficios de la zona.

Cracovia, Polonia

La plaza mayor de Cracovia (Rynek Glowny) es el fastuoso escenario que acoge el mejor ambiente navideño de esta romántica ciudad polaca. Como otras plazas mayores de ese país, la Rynek tenía exento en su centro el edificio del Ayuntamiento, pero éste se quemó y quedó sólo la torre, junto a la Lonja de Paños (Sukiennice), convertida toda ella en desbordante mercado navideño. También en el exterior de la Lonja, y en toda la plaza, abundan los puestos donde se venden adornos navideños, regalos y el tradicional vino caliente (que en Polonia se llama grzaniec), junto con un queso ahumado de oveja (oscypek) típico de estos días. Un gran árbol de Navidad luce en el centro de la plaza, que es así mismo escenario de un concurso anual de belenes, y la llegada de papá Noel en una carroza repartiendo sus regalos.

En el barrio de Swinegate, en el casco medieval de York, al norte de Inglaterra, se celebra cada año el Festival of Angels (8 y 9 de diciembre), durante el cual se exhiben esculturas de hielo en las calles, engalanadas y animadas con puestos de comida y bebida, músicos y artistas callejeros, etc. El plato fuerte lo constituye un singular desfile de ángeles, de todas las edades y estaturas. El mercadillo de Navidad permanece abierto en torno a la elegante catedral gótica desde el 17 de noviembre. Otro acontecimiento a tener en cuenta es la Feria de San Nicolás (St. Nicholas Fayre), que tiene lugar entre el 24 de noviembre y 2 de diciembre; durante esos días, a los puestos que venden golosinas, regalos o artesanía se suman coros que cantan carols tradicionales por las calles y toda la ciudad revive, con luces y escaparates, un nostálgico ambiente victoriano.