TRIBUNA

Dinero español para la española Iberia

Entre 3,40 y 4 euros la acción anda el juego. A ese precio, la antigua compañía aérea de bandera española vale en el mercado de 3.200 a 3.500 millones de euros y es una cantidad por la que suspiran, por una parte, Lufthansa, por otra, British Airways y la norteamericana Texas Pacific Group (TPG), y en última instancia, Air France. El reto de todas ellas consiste, ni más ni menos, en decantar el liderazgo aéreo para las próximas décadas en Europa. No hay prisa, pero no hay pausa tampoco en tomar posiciones ante la venta de la compañía.

Dos grupos financieros españoles distintos han confirmado su interés en acceder al capital de Iberia. Por una parte, se trata de empresarios catalanes que mantienen o han mantenido en el inmediato pasado destacadas posiciones en grandes empresas, Planeta, Agrolimen y Naturhouse, entre las primeras, y Panrico, entre las segundas. Y por otra, el patrón de Air Europa con algunas empresas más. ¿Qué les mueve a ambos grupos? Algunas de las empresas que participan, como Agrolimen, Planeta y Air Europa, conocen de cerca el negocio aéreo, a través de Clickair, de Vueling y de la propia Air Europa. Todos los interesados por Iberia saben que la aviación es un negocio estratégico para los próximos años. Existen dos razones fundamentales para que así lo crean.

La primera es que, tras la liberalización aérea en Europa a finales de los años noventa del siglo pasado, hemos asistido a dos fenómenos destacados: el de la desaparición de las compañías nacionales de bandera que les ha quitado el monopolio del mercado aéreo nacional, y el del nacimiento de nuevas empresas, low cost, que les ha arrebatado una cuota creciente del mercado teniendo en cuenta que emergen con un concepto de negocio nuevo y exitoso en general.

Tras unos años de lucha encarnizada entre ambas por el mercado europeo, con éxitos y fracasos en ambos frentes, el panorama empieza a despejarse y todos parecen estar de acuerdo en que, a pesar de la fuerte competencia, todas están llamadas a administrar el mercado creciente de viajeros, no sólo desde el concepto low cost. Si se dimensionan adecuadamente las empresas en el nuevo mercado, al negocio aéreo se le augura una buena rentabilidad.

La segunda es que, en adelante, no se puede contemplar exclusivamente el mercado europeo. Hay que tener en cuenta el norteamericano. La política de cielos abiertos que se abrirá entre los dos continentes a partir de abril del año que viene, a pesar de las restricciones impuestas por Estados Unidos, va a permitir libertad absoluta de vuelos entre Europa y América. Se trata de una gran oportunidad de ensanchar el espacio aéreo y de ganar presencia en Estados Unidos, algo prácticamente imposible hasta ahora para las compañías europeas. Numerosas empresas europeas están probando suerte ya en la alta gama Europa-América, creando compañías de business y de primera clase.

El escenario que se presenta resulta excitante para las inversiones. ¿Por qué dejarlo todo en manos internacionales y no participar activamente en la internacionalización de Iberia con capital español? Identificamos dos modelos de negocio, compatibles entre sí, para competir en este nuevo mercado:

l Empresas globales, con negocios diversos en la larga distancia en gama alta y media, y en compañías de cortas o medias distancias en low cost.

l Empresas especializadas, en largo recorrido de alta gama, o en vuelos de corta distancia low cost.

Con capital español, dentro o no de alguno de los grandes consorcios internacionales que se presentan a la puja, Iberia es capaz de triunfar en el nuevo escenario. No se pueden olvidar algunos de los atributos de la compañía, el liderazgo aéreo en Latinoamérica, la buena posición en distancias medias en Europa y la presencia en su accionariado de una compañía low cost, como Clickair. Mimbres para configurar un grupo global con varias compañías bajo un campeón español. La posibilidad de internacionalización del aeropuerto de Barcelona, la del de Madrid ya está consolidada, quedarían más garantizadas en estas condiciones.

Josep-Francesc Valls

Catedrático de Esade-Universitat Ramon Llull