TRIBUNA

La justicia de la UE

En Estados Unidos y Gran Bretaña, algunos jueces disfrutan del estatus de famosos. El estilo de sus sentencias, que realzan con algo de ingenio, anécdotas e impresiones personales, resulta individual y sabroso. Su fortaleza e independencia están profundamente enraizadas en la historia nacional. Por el contrario, en la tradición europea continental, el juez es más bien un personaje privado, la boca de la que emana la ley y no el hacedor de la misma. Los jueces civiles de los Tribunales Europeos de Luxemburgo, por lo general antiguos funcionarios, profesores de universidad o jueces nacionales, están acostumbrados a una tradición jurídica cuidadosa de búsqueda de errores jurídicos identificables. El individualismo de los jueces se diluye en la colegialidad. Las sentencias de los Tribunales Europeos de Luxemburgo las redacta un comité que produce una prosa aséptica y monocromática, en vez de animadas historias.

La mayoría de los jueces de los Tribunales Europeos no son muy conocidos para el público en general (excepto cuando la prensa sataniza a alguno de ellos por una decisión poco afortunada que afecte a su país). Bo Vesterdorf, quien se retiró recientemente después de casi 10 años como presidente del Tribunal Europeo de Primera Instancia, ha sido la excepción. æpermil;l hizo que los procesos del Tribunal fuesen más transparentes, ofreciendo entrevistas a la prensa, asistiendo a seminarios jurídicos y hablando en público sobre los retos a los que se enfrenta esta institución. Su fotografía ha aparecido en periódicos de Boston a Johannesburgo. Puede que estas actitudes poco tradicionales hayan hecho levantar las cejas a más de uno, pero yo las acojo con satisfacción.

El Tribunal de Primera Instancia se fundó en 1989 como respuesta a la acuciante necesidad sentida por amplios sectores de obtener revisiones legales más rigurosas de las decisiones de la Comisión Europea en casos de competencia y comercio. Con demasiada frecuencia, los abogados (yo incluido) teníamos la sensación de que el Tribunal de Justicia simplemente no le prestaba la debida atención a las importantes controversias que implicaban grandes cantidades de dinero o principios esenciales. En ciertos casos delicados o con muchos hechos, el Tribunal de Justicia rara vez ponía en duda las conclusiones de la Comisión Europea.

Una Administración sin capacidad de escrutinio judicial eficaz corre el riesgo de convertirse en arbitraria

Las revisiones judiciales son un elemento fundamental para el control de la calidad. Una Administración sin capacidad de escrutinio judicial eficaz corre el riesgo de convertirse en arbitraria o negligente. El presidente Vesterdorf se ha visto implicado en algunas de las famosas revocaciones de las decisiones de la Comisión, especialmente en el ámbito de las fusiones de empresas. (Sin embargo, el Tribunal ha defendido las políticas de la Comisión en aquellos casos de empresas dominantes en los que han pasado más de 20 años desde una revocación significativa).

El presidente Vesterdorf es danés y preside un Tribunal cuyo idioma de trabajo es el francés, pero que conoce gran parte de las apelaciones en temas de competencia en inglés. Defender un caso en Luxemburgo supone un reto único para el abogado. En un tribunal con jueces procedentes de 27 países, es segura la estadística de que la mayoría de los jueces de una cámara normal de cinco miembros no tendrá como lengua materna el idioma del caso. Si el abogado se expresa demasiado deprisa, el intérprete (altamente cualificado) deberá omitir algunas de las ideas o simplificar al máximo. Si hay varios intérpretes, es probable que omitan varias ideas. En la Edad Media, el latín era la lengua extranjera que hablaban las personas cultas. Probablemente habría quien lo pronunciase de forma extraña, acuñase raros neologismos y cometiese errores gramaticales, pero se entendían entre ellos. Aunque el plurilingüismo tiene una larga historia, sigue siendo todo un desafío.

El papel del abogado sigue siendo el mismo: defender fervientemente los intereses de su representado, haciéndolo con claridad, precisión, simplicidad, una pizca de pasión, tal vez algo de humor y centrándose en los elementos básicos.

El presidente del Tribunal de Primera Instancia principalmente preside casos de diligencias provisorias suspensivas, urgentes, complejos y que con frecuencia constituyen la primera manifestación de la opinión judicial sobre la base jurídica de la causa. Después de haber litigado cortésmente con el presidente Vesterdorf, estoy deseando con interés ver cómo es el estilo jurídico de su sucesor, el juez Jaeger de Luxemburgo. Y naturalmente, le deseo al presidente saliente un buen descanso después de casi 20 años en el Tribunal (además de que se divierta viendo cómo evoluciona el Derecho, que tenga buena salud, que viaje a sitios agradables y que consiga buenos tantos jugando al golf). Espero que su sucesor sea exigente con los abogados, ya que ellos también necesitan un control de calidad: que no se extiendan demasiado, que no sean demasiado irrelevantes, que sean respetuosos con la dignidad del Tribunal, pero que no se achanten a la hora de llevarle la contraria. Todo esto se refiere tanto a la fase escrita del caso como a la defensa oral del mismo.

Para el litigante, la audiencia oral es la parte de la decisión del caso que es vital, pública, formal y visible. El cliente ve a los jueces. Estas consideraciones no son triviales. Toda la relativa invisibilidad de los procedimientos antes y después de la audiencia le otorga al procedimiento oral una importancia todavía más simbólica. No estoy de acuerdo en absoluto con aquellos que piensan que la defensa oral es una molestia y una pérdida de tiempo.

Hay importantes diferencias entre los estilos de audiencia. Quienes salen de una audiencia en el TPI o el joven Tribunal de la Función Pública normalmente tienen la sensación de que se les ha dado la oportunidad de ser escuchados, de que se han contrastado sus argumentos con los del contrario y creen que las consideraciones del Tribunal han surgido del debate. Sin embargo, una audiencia ante el Tribunal de Justicia es diferente, en gran medida por la frecuente falta de interacción entre los abogados y los jueces. El Tribunal de Justicia tiene demasiados casos y no puede conceder suficiente tiempo oral a cada uno de ellos. Algunos abogados se han sentido frustrados al levantarse para hablar, escuchar al contrario, exponer una breve refutación y luego no recibir ningún comentario ni ninguna pregunta por parte de los jueces.

Espero que el TPI muestre el debido escepticismo con las teorías de la Comisión y que siga siendo tan estimulante defender una causa ante él.

Ian S. Forrester, QC. Socio de White & Case Brussels