Lealtad, 1

La exigencia del campeón

Dicen este lunes los comentaristas futbolísticos que el Sevilla, probablemente el mejor equipo de España la temporada pasada, está pagando este otoño el peaje de la grandeza. Cuatro derrotas consecutivas fruto, entre otras cosas, de las exigencias que antes no existían. La diferencia entre saber que si pierdes no pasa nada y pensar que si pierdes estás fallando. Algo que inevitablemente trae a la mente el mantra tan repetido en los mercados de si algo es mejor de lo esperado o peor de lo esperado. Con la diferencia de que en el fútbol las expectativas son eso, expectativas, y en la Bolsa las expectativas son dinero, y una falsa expectativa puede costar lo que un puesto de trabajo.

La perspectiva de las expectativas ayuda a entender lo sucedido con el sector bancario. Parece que, cuanto más pierda, más sube la acción. El mercado quiere olvidar cuanto antes la crisis subprime, y las millonarias amortizaciones o provisiones decretadas ayer por UBS o Citi invitan al olvido, a hacer el balance de los daños y ponerse rápidamente a otra cosa. Además del efecto positivo para posteriores trimestres, pues es más sencillo mejorar los resultados cuando el punto de partida es pésimo que cuando el listón estaba ya muy alto.

Quizá desde esta perspectiva pueda tener sentido un hecho aparentemente pasmoso, como es que la Bolsa suba mientras el mundo teme una crisis financiera a gran escala, y que el día que dos de los principales bancos comunican el fuerte impacto en sus cuentas el Dow juegue con máximos.

Queda la segunda parte. La parte en la que vive ahora el Sevilla. Queda mantenerse. Es decir, queda que en las próximas semanas o meses lleguen noticias que permitan a la Bolsa española, a la Bolsa estadounidense, mantenerse en lo más alto. Elementos que indiquen que la economía mundial está en el mejor momento.

Es cierto que el mercado está sujeto a una fuerte inercia, y que cuando está de buenas sube aunque no pase nada. Pero, después de un aviso como el de este verano, el mercado se va a ver muy exigido. Por eso, y por la alta volatilidad que impera, la llegada a zona de máximos sólo garantiza al bolsista una cosa: que el nivel de exigencia sigue siendo el más alto. Porque no se puede vivir eternamente de bajadas de tipos.