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El jefe que todo lo ve

Los avances en navegación permiten a los empresarios tener siempre localizados los vehículos de su flota y a sus empleados

Maldita tecnología, pensarán muchos transportistas. O eso harían si supieran que su jefe les ha instalado un artefacto en el coche que le permite saber exactamente dónde están, la ruta que han seguido o si han realizado frenazos bruscos. Un aparato ideado por la empresa Inosat y bautizado como Inoflota pro V4 ha sido diseñado para proporcionar todo tipo de información a los empresarios sobre cada uno de sus vehículos.

El director general de Inosat, Raúl Garrido, confiesa que el 70% de sus clientes no comunica a los empleados la instalación del dispositivo. Y ello da lugar a todo tipo de situaciones. Como el caso de un empresario andaluz, que despidió a toda su plantilla tras dos meses de la instalación de Inoflota. Descubrió que sus empleados hacían 'lo que les daba la gana y, en lugar de trabajar, disfrutaban de la vida'. Tras cambiar el personal, el número de ventas se disparó.

El director de operaciones asegura que el artefacto es un mecanismo de 'optimización de recursos' y no un gran hermano empresarial. Pero confiesa que los empresarios durante los primeros meses se dedican a 'jugar' mirando el trayecto y la velocidad de sus vehículos en el mapa.

El funcionamiento es el siguiente: se coloca un dispositivo dentro del vehículo y éste, a través del satélite, transmite la información a la empresa. En la pantalla del ordenador se puede ver el vehículo. La novedad es que desde cualquier ordenador, a través de Google Earth, también se puede acceder a la información.

La versión estándar cuesta unos 30 euros por vehículo, y ofrece informes de rutas, localización y velocidad. También se pueden instalar periféricos que amplían los datos. Por ejemplo, un dispositivo permite saber si durante la ruta se ha abierto en algún momento la puerta trasera. Ello es vital para camiones frigoríficos que tienen la prohibición de romper la cadena de frío. Es útil también para aumentar el control sobre vehículos que transportan materias valiosas. Otro sistema recurrente es la instalación de un PDA que permite mandar información de la oficina al vehículo sin necesidad de realizar llamadas telefónicas. Por ejemplo, una empresa de fontanería, al recibir una llamada para realizar una visita, puede detectar el vehículo que está más cerca y avisarle mediante PDA. Más diligencia y menos gastos.

La eficiencia del dispositivo está fuera de toda duda, aunque el control sobre el empleado puede resultar excesivo. Primero fueron los buscas, después los móviles y, ahora, con el GPS, el margen de libertad del trabajador queda reducido a su mínima expresión. 'Está mal que yo lo diga, pero la tecnología no te hace más libre', dice Garrido. Sin embargo, el director de comunicación puntualiza que a muchos empleados el dispositivo les ha servido para demostrar a su jefe que trabajan bien y mejor que otros de sus compañeros.

La capacidad de Inosat para ofrecer todo tipo de información del vehículo ha permitido crear curiosas competiciones para saber quién conduce mejor de la empresa. Así, se mide el número de frenazos, la velocidad mantenida y el ralentí o el número de revoluciones. El tema no es baladí, una conducción adecuada permite ahorrar un 10% de combustible. En otras palabras, un dineral.

Esperando a Galileo

La tecnología utilizada por Inosat se sirve de las señales emitidas por el GPS estadounidense, cuyo servicio y funcionamiento dependen del Pentágono. A priori, en el futuro recurrirán al GPS europeo, el Galileo, que pretende instalar 30 satélites que ofrecerán servicios de autonavegación en el viejo continente. De salir adelante el proyecto, capitaneado por la UE, estaría bajo control civil y sería mucho más preciso que su homólogo estadounidense. Pero como sucede en Europa con los temas científicos, las cosas nunca son tan fáciles como parecen. Debería empezar a funcionar en 2012, cuatro años más tarde de lo previsto inicialmente. De momento, de los 30 satélites previstos sólo hay uno. Otra diferencia con el GPS americano, es que el Galileo ofrecerá un servicio de pago. Está por ver si su mayor precisión es un reclamo suficiente para que los europeos se rasquen el bolsillo.