COLUMNA

El vino español

El vino, un elemento tan esencial para nuestra cultura, identidad, ocio y gastronomía, ha sido objeto de vivos debates políticos durante estos últimos meses. Desde el abortado proyecto de ley que lo penalizaba hasta la actual reforma de la OCM, siempre ha estado en el candelero de la atención pública. Pero el ruido no debe distraernos del conocimiento de un sector profundamente arraigado en todas las esquinas de nuestro territorio.

¿Cómo está el sector del vino en España? Utilizando una expresión de la Federación Española del Vino, 'vemos al vino español en relativa tranquilidad, dentro de una situación difícil, pero con buenas perspectivas de futuro'. El equilibrio alcanzado entre la producción de vino en España y su comercialización aporta esa tranquilidad tan añorada en otros momentos. En efecto, llevamos dos años rondando una producción de 40 millones de hectolitros, de los cuales 14,1 se dedican a exportación y 13,6 a mercado interior. Otros usos, como el vinagre, el alcohol o el mosto, contemplan el conjunto total de ventas.

Sin embargo, no se pueden echar las campanas al vuelo. La situación del mercado sigue siendo muy difícil, como lo demuestra la continuada bajada del consumo interno del vino. El los últimos 20 años ha bajado casi un 40%, desde los 18,1 de finales de los ochenta hasta el actual consumo. Esta caída se acentúa si la analizamos en consumo per cápita, desde los 46,6 litros por persona en 1987 hasta los 24,9 de 2006. A pesar del incremento de los vinos de calidad, la caída de consumo también se ha traducido en una pérdida de valor del 4% durante este mismo periodo, al bajar desde los 2.959 millones de euros hasta los 2.841 millones de euros.

No tienen sentido, por tanto, las campañas para disminuir su consumo. Para beber mejor y con moderación, sin embargo, siempre encontrarán el apoyo del sector. La exportación ha tenido un mejor comportamiento. Nuestros vinos han ganado mercados exteriores, siendo muy valorada su relación calidad/precio. En efecto, hemos pasado desde los 675 millones de litros exportados en 1995 hasta los 1.440 millones de 2006. Nuestros cuatro principales mercados son Reino Unido, Alemania, Estados Unidos y Francia, que suman un 51% del valor de nuestras exportaciones. Un país que experimenta un fuerte incremento en la importación de nuestros vinos es Rusia, aunque de calidades medias y precios bajos.

Con todos estos datos sobre la mesa, el sector cree que tiene buenas perspectivas de futuro. Rafael del Río, secretario de la Federación, se preguntaba qué razones existen para el optimismo si el mercado nacional va mal y seguirá difícil -salvo el vino de calidad en hogares- y la exportación crece pero con precios a la baja dentro de un mercado muy competitivo. Pues él mismo proporcionaba la respuesta al afirmar que crece el consumo y el comercio mundial de vino. Si se realizan prospecciones con los actuales crecimientos, la demanda para exportación crecería con fuerza para nuestro país.

Para conseguir beneficiarse de ese incremento de consumo mundial, el sector del vino español debe mejorar su conocimiento e información de mercados, incrementar la promoción de nuestros caldos, aumentar el tamaño de nuestras empresas e internacionalizarlas, apostar por el desarrollo de marcas, así como presionar para conseguir una OCM que facilite la competitividad de las bodegas europeas y por unas normas españolas flexibles que apuesten por una oferta diversa.

En el mercado nacional la estrategia debe centrarse en conseguir una imagen positiva del vino, invertir en promoción y en el trabajo conjunto con la distribución, aprovechar los nuevos nichos de consumo y el turismo y, como siempre, seguir innovando. El conocimiento de los mercados -tipos de clientes y de consumos, canales de distribución, prospecciones eficaces, nuevos mercados, etcétera- resulta del todo indispensable para poder definir la estrategia más adecuada.

El sector del vino en España ha realizado un enorme esfuerzo durante estos últimos años para modernizarse, innovar y ofrecer mejor calidad. Genera riqueza, empleos y divisas, y sus cuadros profesionales mejoran a ojos vista. Merece la pena el esfuerzo de todos por apoyarle en su adaptación a ese mercado creciente más allá de nuestra fronteras, y al de mayor exigencia y especialización interno.