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Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Dólar, petróleo, tipos y vivienda

Las dudas que los inversores aprecian esta semana en los mercados financieros tienen su epicentro en las incógnitas sobre la recuperación de la economía estadounidense, salpicada con el no amortizado riesgo de una crisis financiera alrededor de la titulización de las hipotecas de baja calidad y las alertas, menos optimistas que en el pasado, sobre los beneficios de las compañías. Todo ello aliñado, además, con una renovada presión del precio del crudo, que de haberse considerado neutro en términos de inflación puede pasar a convertirse en auténtico y peligroso acelerador de los precios de consumo. Completan el cuadro los nunca superados temores europeos a que una caída del dólar reste motivación a una economía eminentemente exportadora como la europea.

Un recorte vertiginoso en los precios del dólar provocaría un movimiento preocupante en el sistema financiero internacional por un simple realineamiento de los activos, tanto geográfico como sectorial. Pero nada apunta a corrección tan brusca. La pérdida de tensión del billete verde se ha producido en varios años, con descansos que han permitido precisamente tomas de posición sosegadas, y bien podría estar al final de su depreciación, aunque las cifras de los déficits comercial y corriente de la economía norteamericana invitan a un viaje más dilatado de su divisa. Si finalmente las dudas inmobiliarias aconsejan a la autoridad monetaria de EE UU abaratar el dinero por el temor a un parón más prolongado de la actividad, el dólar podría perder más precio en el mercado.

Pero la economía europea no debe perder vigor, ni siquiera en sus ventas. El crecimiento alemán está consolidado, con solvencia de su demanda interna, y las prometidas reformas en Francia deben dar el impulso que la Unión precisa, independientemente del valor del euro. Los fundamentos de la economía son sólidos y la financiación atractiva. Los episodios de volatilidad tienen explicación por el vértigo a los máximos en los que se mueve el mercado, pero no hay elementos estructurales que justifiquen un cambio de tendencia.

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