EDITORIAL

Trichet mantiene la línea recta

El Banco Central Europeo mantiene su política de firmeza en el control de la inflación, la que se ve y la que se espera, y subirá los tipos de interés hasta el entorno del 4,5% antes de fin de año. En la reunión del Consejo Ejecutivo celebrado ayer en Fráncfort no hizo ningún movimiento cuantitativo (el precio del dinero sigue en el 4%), pero mantuvo su discurso tendencial para que el mercado descuente subidas en los próximos meses en digeribles cuantías de 25 puntos básicos.

Admite que no serán los meses venideros mucho más inflacionistas que los pasados, pero sí espera un repunte de los niveles de precios a fin de año que pueden deteriorar la calidad del crecimiento económico. A la espera de que afloren tales tensiones, mantiene una política monetaria que el presidente Trichet considera adecuada para estimular la demanda y no acelerar los destructores índices de inflación. Pero el dinamismo de la liquidez sigue preocupando a la autoridad monetaria, dado que los crecimientos del dinero en circulación y la demanda de crédito mantienen tasas de avance muy aceleradas, y condicionarán, como ningún otro elemento, las decisiones finales de la política monetaria.

El banquero francés que pone precio al dinero en toda Europa comentó ayer que el potencial de crecimiento de la Unión Europea sigue instalado en el 2,25%. A partir de tal umbral la actividad genera inflación, a no ser que se modifiquen sustancialmente y de forma acompasada las condiciones de los mercados de producción de bienes y servicios para elevar sus dosis de flexibilidad. Sólo en ese caso se amortiguan los excesos de la demanda y se logra mantener los precios bajo control. Aunque en esta ocasión Trichet no reiteró el discurso de las reformas estructurales como herramienta que dinamiza el crecimiento sin desequilibrios, lo dejó caer citando el pobre nivel de crecimiento potencial.

Para que se diluyesen los obstáculos al crecimiento no inflacionista tienen que acelerar las reformas los países estancados, como Italia y en parte Francia, y aquellos que han roto ya las costuras de su crecimiento, como España o Irlanda. Si no lo hacen se corre el riesgo de quebrar el ciclo de crecimiento consistente que ha iniciado Alemania, y que debe contagiar a la zona euro.

Mientras tanto, el mercado ha echado una mano al BCE, con la subida que los tipos de la deuda ha experimentado en las últimas semanas, y que puede retrasar las alzas de los tipos directores, en parte también por la excesiva revalorización del euro en los mercados de divisas, que pueden cercenar la capacidad de venta de economías tan manufactureras como las europeas.

Por lo que se refiere a España, esta subida, y la que pueda producirse en los próximos meses, es una buena noticia, aunque no lo sea tanto para los españoles, que tienen un endeudamiento muy elevado. Los responsables de la política económica no han querido utilizar instrumentos alternativos en años pasados para enfriar la demanda cegada en los activos inmobiliarios, y una subida del coste de financiación acelerada puede estrangular la economía de determinadas familias. Ayer Reino Unido subió los tipo al 5,75%, una tasa que difícilmente alcanzará la zona euro, pero que nunca se puede descartar, y que cambiará radicalmente el escenario económico en España.