Lealtad, 1

Aún queda algo que rascar en Bolsa

Los tipos de interés han irrumpido en la agenda de los inversores y han acrecentado el nerviosismo que de cuando en cuando, pero cada vez más habitualmente, invade al mercado. Las Bolsas han comenzado a caer arrastradas por la subida del rendimiento de los bonos a largo plazo, donde los temores inflacionistas juegan un papel de primera magnitud.

Pero el caso es que no ha habido, de momento, señales claras que confirmen la subida de los precios. Habrá que ver lo que depara este viernes la publicación del IPC de Estados Unidos. Lo que ha habido es una mejora de las perspectivas de crecimiento económico, lo que indirectamente sugiere más inflación y más subidas de tipos.

Cuentan los analistas de Goldman Sachs, en un informe de estrategia, que los grandes problemas para los mercados de acciones no se producen tanto por la intensidad de la subida del tipo de los bonos a largo plazo, como por la velocidad a la que se produce esa subida. Pero eso es consustancial a los mercados, que no gustan de movimientos bruscos y sí de ajustes pausados.

La Bolsa sigue siendo más atractiva que la deuda, y en esto coinciden todos los analistas. El precio de los bonos está cayendo, sí, pero aún no ha alcanzado niveles que inviten a rotar las carteras desde la renta variable hacia la renta fija. Goldman Sachs calcula que para ello los rendimientos deberían subir todavía 100 puntos básicos y haría falta un cierto estancamiento en el crecimiento de los beneficios empresariales que redujera la rentabilidad por dividendo de las empresas.

Sucede que en las últimas semanas han mejorado las perspectivas de beneficio de las compañías, que no hace tanto eran de tono grisáceo tirando a negro.

Nadie espera a estas alturas subidas desproporcionadas de las Bolsas. Tampoco es momento aún de entrar en renta fija. Pero en ese intervalo que queda hasta que la deuda sea más atractiva, y mientras el crecimiento económico siga dando buenas noticias, quedará algo que rascar en los mercados de valores. Serán, eso sí, mercados más volátiles, donde cualquier atisbo de inflación va a ser recibido con mucho nerviosismo en las cotizaciones.