Secretos de despacho

Naturalidad en Santa Cristina

Es trabajadora, decidida y no se le caen los anillos si tiene que acometer cualquier trabajo ajeno a la gestión del hotel Santa Cristina, situado en Canfranc (Huesca) y que dirige con determinación desde hace casi 15 años. Conchita Murrieta, nació en Bilbao hace 59 años y ya se ha acostumbrado al paisaje pirenaico que rodea su espacio de trabajo. El despacho está situado en un imponente edificio construido a finales del siglo XIX que alberga el hotel, que antaño fue un cuartel de la Guardia Civil y que ha reformado el arquitecto Ignacio Arzubialde y el artista plástico Vicente García Plana.

Sin embargo, su despacho es austero, como ella, y sencillo. Murrieta no se ha concedido a sí misma ni el más mínimo capricho decorativo. Las paredes están pintadas de un color verde claro y el mobiliario es blanco. Poco más. No necesita nada que le haga despistarse de la tarea que se ha propuesto, y por la que va por buen camino: convertir el establecimiento en el centro ideal para reuniones y convenciones para empresas, además de profesionales que acuden a avistar aves, a esquiar o a relajarse con el paisaje. 'El entorno favorece este tipo de celebraciones de compañías porque es un lugar para la relajación, la concentración y el disfrute de la gastronomía'.

Esta ejecutiva asegura que para trabajar sólo requiere del apoyo de las nuevas tecnologías, del equipo humano y de un buen ambiente de trabajo. Ella misma lo explica: 'Pasamos muchas horas trabajando, una media de diez al día, además estamos en pleno campo, alejados de una gran ciudad, y es necesario crear una buena sensación de equipo. Tiene que existir una buena comunicación', afirma.

'Un alto ejecutivo tiene que saber hacer de todo y conocer el negocio desde los cimientos'

Considera que la información debe transcurrir con la misma fluidez con la que corre el vecino río Aragón. 'Todo tiene que decirse en un buen tono, porque todo esto lo percibe el cliente. Por eso le doy mucha importancia a los modos. Estamos en un espacio demasiado cerrado y hay que crear un clima familiar para que el cliente no perciba ningún malestar'. Murrieta advierte que precisamente su timbre de voz no es el más dulce, sino que cuando habla lo hace con firmeza y franqueza. 'Pero yo lo advierto siempre, se lo digo a los empleados, que yo soy así, que soy muy directa y que si hacen algo que considero que no está bien, se lo voy a decir con el fin de corregirlo'.

Asegura que delega, pero que le gusta tener todos los departamentos controlados. 'Muchas veces detectas que hay un problema si escuchas los comentarios que hace la gente. No sólo me fijo en cómo sirve un camarero, sino que también observo su rostro, y así puedo comprobar si le pasa algo, si se le puede ayudar'. Dice que no le gusta que la traten de usted, pero eso no significa ningún tipo de colegueo ni de amiguismo. Ella deja claro quién toma al final las decisiones.

Su vocación por la hostelería le llegó por un capricho del destino. Cuando acabó el Bachillerato en 1964, su padre, con bastante visión de futuro, la mandó un año al Reino Unido para aprender inglés. Más tarde estudió decoración de interiores en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid. Mientras estudiaba, daba clases de inglés en un colegio infantil. Al acabar la carrera, trabajó durante siete años como profesora auxiliar de dibujo técnico. En 1978 llegó a Jaca, el valle de donde procedía su marido. Tenía dos hijos, pero decidió trabajar como guía turístico por la zona, donde apenas había demanda. Más tarde trabajó un año en un estudio de arquitectura, como secretaria de dirección y almacenera para una empresa americana de perforaciones petrolíferas que estaba actuando en la zona.

No se le caen los anillos cuando dice que ha sido albañil y que fue ahí cuando cogió el gusto por las obras, de manera que cuando se planteó la rehabilitación del edificio Santa Cristina para convertirlo en hotel, también dirigió ella el proyecto. 'Un ejecutivo tiene que saber hacer de todo y conocer el negocio desde los cimientos'.

El orden está en el corcho

Su despacho está ubicado detrás de la recepción. Desde allí le toma el pulso al día a día del establecimiento. 'No quería un lugar típico, necesitaba un sitio perfectamente situado para controlar todo'. Lo único que precisa para trabajar es una silla cómoda y varios corchos donde acumula papeles, sobre todo los asuntos pendientes. 'Soy caótica, pero no desordenada. Nadie encuentra nada en mi mesa excepto yo, que sé dónde está todo'.

Conchita Murrieta es una mujer práctica, que huye de todo ornamento y de los objetos personales. 'Me gusta separar ambas facetas, y en el trabajo nunca he tenido fotos familiares. Vengo a trabajar únicamente, y eso me lleva todo el día y no puedo despistarme con nada'.

Insiste en que le gustaría delegar un poco más, pero le cuesta. 'No es fácil, y reconozco que yo soy la persona que más se equivoca en esta empresa, pero de los errores se aprende'.

Cuando no trabaja le gusta leer, lo hace todas las noches, y viajar. Su último destino ha sido Siria.