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Una pequeña bodega en casa

Blancos, rosados, tintos, espumosos y dulces. Los expertos recomiendan hacer una selección de cada una de esas variedades de vinos para contar siempre con el más adecuado para cualquier evento.

La pasión por el vino alcanza a todos los ámbitos. Las tiendas especializadas se vuelven más sofisticadas, los enólogos se convierten en magos creadores de bebidas de culto y la idea de que es mejor beber poco y bueno ha calado como una forma de vivir la cultura vitivinícola, tan ancestral en países mediterráneos como España. Y esas tendencias se han trasladado a las casas. Las revistas internacionales de estilo y decoración con más prestigio incluyen ideas sobre cómo y dónde conservar el vino, y respecto a las fusiones más idóneas entre esa bebida y los más tradicionales o sofisticados platos.

Si ya no es suficiente disponer de unas cuantas botellas, aunque sean de buenos vinos, ¿cuáles serían los criterios para montar una minibodega equilibrada? Los expertos dan respuestas para lograr ese objetivo, incluso si esa colección está formada por unas 60 o 70 botellas. La selección que proponen está constituida por una combinación de blancos, rosados, tintos, espumosos, dulces y generosos. Y el resultado cuenta, asimismo, con gran variedad, tanto por denominaciones de origen como por edades del vino. En cuanto a presupuesto, aunque el espectro es muy amplio, aseguran que con unos 3.000 euros es factible tener una pequeña bodega en casa.

Victor González Artime, supervisor de Vinus&Brindis, da pautas en función de los alimentos. Destaca que en el apartado de los blancos se debería contar con tres tipos de aromáticos para acompañar entrantes y aperitivos. Y con otros cuatro blancos, secos pero con cierta intensidad frutal, que armonizan bien con ensaladas, pescados y mariscos. Ya que este experto recomienda contar con diez referencias de vinos blancos, los restantes deberían ser de fermentación y criados en barrica de roble, para tomarlos con las carnes blancas y arroces.

En vinos espumosos da a elegir entre cava y champán, y cita los que resultan más idóneos para tomar con aperitivos, los que casan mejor con comidas más consistentes o con suculentos dulces. Lo mismo hace con rosados y con vinos dulces, dentro de esa regla de oro de elegir la botella más apropiada para cada etapa del menú. 'El abanico de posibilidades en los tintos es enorme, pero nos podríamos centrar en vinos de 12 a 20 meses, en algunos casos más, de calidad, para guardar en la bodega y que vayan mejorando con los años', destaca González Artime. También recomienda vinos de media crianza, con una estancia en barrica de cuatro a seis meses.

Pero esta parafernalia es más compleja de lo que aparenta y dónde conservar el vino es otra cuestión que se plantea. 'Habitualmente se piensa que el garaje o el trastero es un buen lugar, pero muchas veces no es así. En cualquier parte de la casa hay olores que pueden afectar al vino y no tienen las condiciones de humedad necesarias', señala Josep Morales, de Frigicoll. En su opinión, los verdaderos amantes del vino deben tener, o bien una habitación con las condiciones adecuadas, o bien una vinoteca para su conservación.

Con 3.000 euros se puede crear la base de una minibodega

l Humedad. Es necesario que esté entre un 50% a un 80%, y que el lugar cuente con cierta aireación, señala Josep Morales, de Frigicoll, que cuenta con las vinotecas Liebherr. Por debajo de 50% el corcho se puede secar y entrar aire en la botella. Por encima se crearía el peligro de mohos.

l Temperatura. Es aconsejable que se mantenga en condiciones similares a las de la bodega de origen. La ideal estaría entre los 13 a 16 grados.

l Años. La duración del vino depende de los factores citados. Los blancos, rosados y tintos jovenes deben consumirse inmediatamente, mientras que los reservas y grandes reservas pueden llegar a durar hasta 30 años.