Lealtad, 1

El 'hedge fund' de los niños

The Children's Investment Fund. Bajo este angelical nombre se esconde uno de los fondos de inversión más agresivos del panorama financiero europeo. Un fondo acostumbrado a tomar participaciones mayoritarias en empresas cotizadas y oponerse frontalmente a los gestores. A veces, hasta provocar su caída, como fue el caso de la cúpula de Deutsche Börse, rectora de los mercados alemanes.

La última hazaña de este hedge fund -con todas las cautelas a las que obliga esta denominación, tan vaga como la palabra 'polémica'- ha sido abrir la espita de las fusiones bancarias. Una espita que, en honor a la verdad, se abre varias veces al año, pero casi siempre en falso.

Todo empezó el 20 de febrero. Los gestores del fondo de inversión, con alrededor del 1% de ABN Amro, pidieron a los consejeros de la sociedad que segregasen la compañía en varias piezas dado que la situación actual infravaloraba sus activos. Ponían como fecha la junta de accionistas de ABN Amro a celebrar el día 26 de marzo. Las acciones de ABN Amro cotizaban en febrero a precios más o menos equivalentes a los de mayo de 2000, cuando llegó el consejero delegado Rijkman Groenink, mientras en ese periodo el sector había subido el 40%.

La operación en ciernes con Barclays es, probablemente, fruto de esta advertencia, de los rumores de mercado que señalaban que el fondo y sus aliados sumaban el 15% del capital y de la experiencia de Werner Seifert, ex presidente de la Bolsa de Fráncfort. Seifert escribió, tras perder el sillón, un libro en el que hablaba del capitalismo de las langostas. Según el símil de Seifert, las langostas -fondos de capital riesgo, hedge funds como TCI- acuden en masa, devoran la cosecha y huyen en busca de otro sembrado que devastar.

El activismo de los fondos es clave para que los directivos de las empresas cotizadas no confundan a éstas con un cortijo, por la famosa distinción entre la propiedad y el control. Pero el perfil de negocio cortoplacista de un fondo como el que ha protagonizado esta historia, o de una entidad de capital riesgo, puede ser no siempre lo más conveniente a largo plazo. Pero la Bolsa es el reinado del corto plazo, y buscar lo contrario es, en cierto modo, poner puertas al campo.