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Abogados españoles desde China a Estados Unidos

La expansión de los bufetes abre nuevas perspectivas a los letrados

Desde las oficinas del bufete Garrigues en Shanghai, situadas en la planta 32 de uno de los enormes rascacielos que se levantan en la calle Nanjing, se divisa una amplia panorámica del centro financiero de la ciudad. 'En general, aquí nadie habla inglés en la calle, por lo que hasta que adquirí un nivel básico de mandarín la comunicación fue casi una hazaña', explica Francisco Soler, abogado y socio director. Soler llegó a China en 2005 con el encargo de llevar a cabo una misión muy concreta: abrir una oficina que permitiese prestar apoyo directo a los clientes de Garrigues con intereses de negocio en China. 'En general poner en marcha una oficina en un país extranjero presenta numerosas dificultades por los diferentes marcos legales, requisitos, forma local de trabajar, etcétera. Quizá en un país como China esta dificultad se agrava por las enormes diferencias culturales, mentales y de tempo', explica.

En el caso de Albert Garrofé, desde hace seis meses socio director de la oficina de Cuatrecasas en Nueva York, el cambio ha sido casi como una balsa de aceite. El truco de Garrofé se llama experiencia. 'El proceso de adaptación ha sido bastante fácil, pero hay que tener en cuenta que mi destino anterior fue Japón y antes estuve en Bruselas y Londres. Si tienes una mentalidad abierta todo va bien. Al final, los abogados pasamos mucho tiempo en el trabajo y, en ese sentido, somos todos muy parecidos'. Como en el caso de la mayoría de los abogados españoles que trabajan en el extranjero, su caballo de batalla fue la diferencia horaria. 'A partir de las tres o cuatro de la tarde sólo trabajas para el mercado americano. Pero cuando te levantas, a las siete de la mañana, tienes ya 50 mensajes en la blackberry, porque en España es la una. Es lo que me costó más, el pensar que voy siempre con seis horas de retraso'.

La visión de Nueva York de Juan José Terraza, actualmente socio director de Ernst & Young en Barcelona, tiene otra perspectiva: la de la distancia. Terraza fue el encargado de llevar sobre sus hombros el peso de inaugurar en 1995 la oficina española de Ernst & Young en el despacho internacional que la firma global tiene en la Gran Manzana. 'Me enviaron a Nueva York porque, por un lado, reforzar la oficina internacional era una política de Ernest & Young en todo el mundo y, por otro, porque para dar buen servicio a los clientes norteamericanos hay que estar allí' reconoce. Su primer contacto con el ambiente laboral estadounidense le sirvió para darse cuenta de que las diferencias culturales llegan hasta la oficina. 'En Estados Unidos el trabajo es muy intenso. En España probablemente trabajemos más horas, pero allí todo el elemento de relación personal se esfuma. Lo importante es dejar el despacho lo mínimo posible', recuerda.

Londres es la ciudad en la que desde hace siete años vive y trabaja Juan Carlos Machuca, socio director de la oficina de Uría Menéndez en la capital británica. 'Vinimos hace quince años para estar cerca de nuestros clientes internacionales y junto a los grandes bufetes británicos y estadounidenses, que tienen sus oficinas aquí'. La jornada laboral de Machuca incluye una tarea extra que no es habitual para los abogados españoles: representar a su bufete en eventos económicos, culturales y de agasajo de clientes. 'Llego mucho antes a la oficina de lo que lo hacía en España, porque a las siete de la tarde a veces tengo que acudir algún evento con clientes. Eso es lo que hacen los despachos anglosajones aquí y es parte del trabajo'.

La distintos horarios de trabajo entre España y el resto de los países europeos marcan el ritmo laboral de Anna García, socia directora de la oficina de Gómez-Acebo & Pombo en Bruselas. 'A las seis se calman los clientes franceses y belgas, pero los españoles están en hora punta', resume. García no oculta su satisfacción por la experiencia de trabajar en otro país. 'Cuando trabajas fuera estás en contacto con abogados de diferentes nacionalidades y te das cuenta muy pronto de que los abogados españoles estamos a su mismo nivel. Lo sé porque me he medido con ellos', concluye.

Un perfil para cada oficina

Uría Menéndez. Uría Menéndez en Londres lleva quince años asesorando a sus clientes internacionales y españoles. 'Las empresas españolas se introducen cada vez más en el mercado británico. No se trata sólo de grandes empresas, sino de compañías medianas que vienen y compran', explica Juan Carlos Machuca.

Cuatrecasas. La principal labor de la oficina de Cuatrecasas en Nueva York es prestar servicios legales 'a nuestros clientes españoles y portugueses en su expansión y a las empresas multinacionales que necesiten asesoramiento en Latinoamérica', señala Albert Garrofé.

Gómez-A. & Pombo. En 1995 Gómez Acebo & Pombo se convirtió en el primer bufete español en tener presencia efectiva en la sede del Ejecutivo Comunitario. Según Anna García, directora de la oficina, el bufete está especializado en derecho comunitario, de la competencia y belga.

Garrigues. La oficina de Garrigues en Shanghai asesora a empresas españolas en el mercado chino. 'Desde medianas empresas familiares hasta grandes multinacionales españolas', señala Francisco Soler.

Ernst & Young. La oficina de Ernst & Young España en Nueva York factura cinco millones de dólares. 'Asesoramos a clientes americanos que invierten en España o a través de España', concluye Juan José Terraza.