TRIBUNA

Ganar la carrera

Me da la impresión de que 2007 va a ser el año en el que la sociedad empezó a tomar conciencia y a darse cuenta de la importancia del impacto de sus actividades en el medio ambiente. Desafortunadamente, se ha tardado casi 19 años en concienciar a los ciudadanos de la importancia del fenómeno del Cambio Climático, desde la formación del Grupo Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) por la Organización Mundial de Meteorología y las Naciones Unidas.

El cuarto informe publicado por el IPCC el mes pasado deja poco lugar a la duda, puesto que unos 2.500 científicos y expertos climáticos de todo el mundo consideran que el Cambio Climático está ocurriendo, que se debe a las actividades humanas y que el hecho de no hacer nada desembocaría en un futuro mucho más incierto y con un peor escenario para el ser humano. Por lo tanto la cuestión clave que se nos plantea ahora es: ¿tardaremos 19 años en reaccionar? ¿O podemos trabajar conjuntamente, con rapidez y a escala internacional, y ganar el tiempo que necesita nuestra civilización para adaptarse a un mundo que está cambiando?

Afortunadamente, no sólo tenemos los recursos disponibles para invertir en las soluciones, sino que contamos actualmente con las tecnologías que necesitamos. De hecho, cualquier tecnología nueva que inventemos a partir de ahora puede ser considerada como una ayuda en nuestra carrera contra el tiempo. Lo que tenemos que hacer es coordinar y realizar una gran inversión para terminar con la dependencia de las emisiones de gases de efecto invernadero que sufre la sociedad actual, debido a las viejas formas de generación energética, transporte y de construcción. Además esto debe ir acompañado de una rápida transferencia de tecnologías bajas en carbono, con el suficiente apoyo para su desarrollo también en China, India, América Latina y otros países y áreas en vías de desarrollo.

¿Cuánto y cuándo? El informe realizado por sir Nicholas Stern sugiere que cada nación, en la actualidad, deberá invertir el 1% de su PIB para evitar un coste futuro potencial del 20% de su PIB para combatir los efectos del cambio climático. Esto implica que España debería invertir alrededor de 9.000 millones de euros anuales para combatir el cambio climático.

Y, ¿cuándo? Dado que el IPCC sugiere que es bastante probable que los gases emitidos a lo largo de los últimos 150 años tengan como consecuencia un aumento medio de la temperatura mundial de 2 grados en 2100, resulta tentador contestar: ayer.

En términos pragmáticos, muchos científicos y expertos sugieren que nuestras acciones durante los próximos 10 o 15 años son cruciales, ya que nuestras elecciones a corto plazo en el ámbito de las nuevas centrales energéticas, de coches y casas encasillarán a los países en los perfiles de carbono más bajos o más altos.

En este contexto, ¿dónde está España? En mi opinión, se encuentra en una situación de alto riesgo y que a su vez ofrece una gran oportunidad. La situación climática de España parece de alto riesgo como sugieren muchos de las últimas predicciones que apuntan a que sufrirá, proporcionalmente, consecuencias más severas que otros países desarrollados por el aumento de la temperatura media mundial y cambios en los patrones de precipitaciones. El clima en España es un activo estratégico, y también uno de los más valiosos, pues hace de España un lugar excelente para vivir, uno de los destinos turísticos preferidos, y es la base de su agricultura y de otros aspectos de su economía de forma indirecta.

España ha construido una fuerte industria de energías renovables a través de una trayectoria de políticas de apoyo lideradas por el Gobierno que ha permitido el desarrollo de las empresas de energías renovables más grandes y activas del mundo. El equilibrio energético español puede conseguirse con una mayor independencia de las importaciones de petróleo.

España ha hecho un importante esfuerzo para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en el marco del Protocolo de Kioto y puede utilizar este compromiso para liderar a escala europea el desarrollo de tecnologías limpias, medidas de eficiencia energética, iniciativas de reducción de gases de efecto invernadero doméstico y biocombustibles.

En un escenario bajo en carbono, quien reaccione primero y más rápido será el ganador a largo plazo. Basta con mirar la reacción de la industria automovilística japonesa a la crisis del petróleo en los años setenta, adaptándose a la necesidad de eficiencia de los combustibles, para ver que las empresas más ágiles terminaron ganando la carrera.

Peter Sweatman Ingeniero por la Universidad de Cambridge y responsable de Climate Change Capital para España y Portugal